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lunes, 5 de agosto de 2013

LA ORACION SE APODERA DE LO ETERNO (Leonard Ravenhil)

Ningún hombre es más grande que su vida de oración. El pastor que no ora está jugando en religión; el pueblo que no ora está extraviado. El pulpito puede ser un escaparate de humanos talentos, pero la cámara de oración no tiene ventanas al exterior.











Pobre como se muestra la Igesia hoy día en tantas cosas, lo es más en cuanto a la oración. Tenemos muchas organizaciones, pero pocos penitentes; muchos espectáculos y actores, pero pocos orantes; muchos cantores, pero pocos corazones heridos; grandes pastores y débiles guerreros de Cristo; mucho aparato, pero poca pasión; muchos actuantes, pero pocos intercesores; muchos escritores, pero pocos luchadores. Fallando en esto fallamos en todo. 



Los dos requisitos para una vida cristiana victoriosa son visión y pasión; ambos son nacidos y sustentados por la oración. El ministerio de la predicación está abierto a pocas personas, pero el ministerio de la oración —el más elevado de todos los ministerios humanos— está abierto a todos. Los adolescentes espirituales dicen: «Hoy no iré al templo; sólo es una reunión de oración.» Creo que Satán tiene poco que temer hoy día de los pulpitos. Pero experiencias pasadas le obligan a levantar todo su infernal ejército en contra del pueblo de Dios cuando ora. Los cristianos modernos conocen poco aquello que Jesús dijo de «atar o desatar»; aunque la promesa es para nosotros: «Todo lo que vosotros atareis...» ¿Lo has realizado recientemente? Dios no es pródigo con su poder; pero para ser mucho para Dios tenemos que estar mucho con Dios. 

Este mundo está precipitándose al infierno con una velocidad tal que el más veloz aeroplano es, al lado de tal marcha, como una tortuga; sin embargo, ¡ay!, pocos de nosotros pueden recordar la última noche que dejaron de acostarse para pasarla en vela ante Dios en demanda de un despertamiento mundial. No nos sentimos movidos a compasión. Confundimos el andamio con el edificio. La predicación de nuestros días, con su pálida interpretación de las divinas verdades, nos hace tomar la acción por unción, la comunión por nuevo nacimiento, y los balbuceos por despertamiento. 

El secreto de la oración es el orar en secreto. El pecador cesa de orar y el que ora cesa de pecar. Somos mendigos en bancarrota, pero no estamos quebrantados, ni aun ligeramente doblados. 

La oración es profundamente simple y simplemente profunda. «La oración es la más sencilla forma de hablar, simplemente infantil; sin embargo, es tan sublime que sobrepasa y agota todo vocabulario humano. Una catarata de palabras ardorosas tan grande como la del Niágara no impresiona a Dios ni le mueve. Una de las más ardientes y profundas intercesoras del Antiguo Testamento no tenía palabras.» Sus labios se movían, pero su voz no se oía. Ninguno expresión lingüística. Hay «gemidos indecibles», que no pueden ser expresados con palabras. 

Estamos tan por debajo del nivel del Cristianismo no-votestamentario que no conocemos la clase de fe histórica de nuestros padres espirituales (con sus implicaciones y operaciones) y sólo conocemos la fe histórica de nuestros contemporáneos. La oración es para el creyente lo que el capital para el negociante. 

¿Puede alguien negar que el afán de la iglesia moderna es por dinero? Sin embargo, lo que más preocupa a la iglesia de nuestro tiempo es lo que menos preocupaba a la iglesia apostólica. Nuestro énfasis es sobre donativos, el suyo era sobre oración. Cuando damos podemos edificar un buen local; cuando ellos oraban el local temblaba. 

En los días del Nuevo Testamento la inspiración del Espíritu sacudía el infierno. En cambio, en nuestros días, la oración que vence al mundo, nunca había sido dejada por tantos, al cuidado de tan pocos. Sin embargo, no hay sustituto para esta clase de oracion; o la practicamos o morimos. 

PENSAMIENTOS DE HOMBRES DE ORACION:

Una religión de mera emoción y sensacionalismo és la más terrible de las maldiciones que puede sobrevenir a cualquier pueblo. La ausencia de realidad es bastante triste, pero la pretensión de ello es un pecado mortal. 
S. Chadwick 

Conviene quitar la idea de que la fe es un heroísmo espiritual propio tan solamente de espíritus selectos. Hay, ciertamente, héroes de fe; pero la fe no es sólo para héroes. Es un asunto de madurez u hombría espiritual. Es madurez, a la que todos pueden llegar. 
P. T. Forsyth 

Cuando Dios se propone hacer una misericordia grande con su pueblo, la primera cosa que hace es invitarles a orar. 
Matthew Henry 

Verdad sin entusiasmo, moralidad sin emoción, ritual sin vida, son cosas que Cristo condenó rotundamente. Con falta de fuego la religión se convierte en una filosofía sin Dios, un sistema ético o una superstición. 
S. Chadwick 

El llamamiento de la cruz es, por tanto, entrar en esta pasión de Cristo. Debemos tener sobre nosotros la marca de los esclavos. 
Gordon Watt 

Mi necesidad cumple tu plenitud, y tengo mi todo en Ti. 
Desconocido 

He visto rostros sobre los cuáles la Sagrada Paloma aparecía invisiblemente. Carlos Lamb hablando de los Cuáqueros 

Fervientes en espíritu: sirviendo al Señor. 
El apóstol Pablo 










E. M. Bound - Perseverancia en la Oración


Es cierto que las oraciones registradas en la Biblia son cortas en palabras impresas, pero los hombres piadosos de Dios pasaban dulces y santas horas en combate. Ganaban con pocas palabras pero con larga espera. Las oraciones de Moisés parecen breves, pero Moisés oró a Dios con ayunos y lamentos por cuarenta días con sus noches. Lo que se dice de las oraciones de Elías puede concentrarse en unos cuantos párrafos, pero sin dudas Elías, quien "orando, oraba", empleó muchas horas de lucha ruda y comunión elevada con Dios, antes de que pudiera con firme audacia, decir a Acab: "No habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra." El relato verbal de las oraciones de Pablo es poco extenso; sin embargo, Pablo "oraba incesantemente de día y de noche". La "oración del Señor" es un epítome divino para labios infantiles pero el hombre Cristo Jesús oró muchas noches enteras antes de efectuar su trabajo; y estas devociones prolongadas y sostenidas dieron a su obra acabado y perfección, y a su carácter la plenitud y gloria de su divinidad. 

El trabajo espiritual es abrumador y los hombres son renuentes para hacerlo. La oración, la verdadera oración, significa un empleo de atención seria y de tiempo, que la carne y la sangre rechazan. Pocas personas son de fibra tan fuerte que rindan un costoso esfuerzo cuando el trabajo superficial pasa por el mercado con facilidad. Nos podemos habituar a nuestras oraciones mendicantes hasta que nos satisfagan, al menos conservamos las fórmulas decentes y aquietamos la conciencia, ¡lo que constituye un opio mortal! Podemos debilitar nuestras oraciones y no ser conscientes del peligro sino hasta que desaparecen los fundamentos. Las devociones rápidas dan por resultado una fe débil, una convicción raquítica y una piedad dudosa. Estar poco tiempo con Dios significa ser pequeño para Dios. La falta de oración hace el carácter estrecho, miserable y descuidado. 

Se necesita tiempo para que Dios impregne nuestro espíritu. Las devociones cortas rompen el canal de la gracia de Dios. Se requiere tiempo para obtener la revelación plena de Dios. La poca dedicación y la prisa echan un borrón al cuadro. 

H. Martyn se lamenta de que la "falta de lectura privada devocional y la escasa oración por dedicarse a incesante confección de sermones", ha producido un alejamiento entre Dios y su alma. Consideraba él mismo que había ocupado demasiado tiempo en las ministraciones públicas y demasiado poco en la comunión "privada" con Dios. Sintió la necesidad de apartar de su tiempo para el ayuno y para la oración solemne. Como resultado de esto da el siguiente relato: "En esta mañana fui ayudado para orar dos horas". William Wilberforce, el Par de reyes, dice: "Debo apartar más tiempo para la devoción privada. He vivido demasiado consagrado al público. El acortar las devociones privadas extenúa el alma, la debilita y desalienta. He estado ocupado hasta muy entrada la noche." De un fracaso en el Parlamento, dice: "Dejadme decirles mi pena y vergüenza, pues todo probablemente se debe a que mis devociones han sido reducidas y Dios me ha dejado tropezar." Más soledad en las primeras horas del día, fue su remedio. 

La oración extensa en las horas tempranas del día obra mágicamente para reavivar y vigorizar una vida espiritual decaída; también se manifestará en una vida santa, que ha venido a ser algo tan raro y tan difícil debido a lo limitado y rápido de nuestras devociones. Un carácter cristiano en su dulce y apacible fragancia no sería una herencia tan extraordinaria e inesperada si nuestras devociones se prolongaran y se intensificaran. Vivimos con estrechez porque oramos escasamente. 

Con bastante tiempo en nuestros oratorios habrá grosura en la vida. Nuestra habilidad para hablar con Dios en la comunión con él es la medida de nuestra habilidad para continuar en su compañía en las demás horas del día. Las visitas rápidas engañan y defraudan. No sólo son ilusorias sino que también nos causan pérdidas en muchos sentidos y de muchos ricos legados. De la permanencia en el oratorio derivamos instrucción y triunfo. Salimos con nuevas enseñanzas y las grandes victorias son a menudo el resultado de grande y paciente espera, hasta que las palabras y los planes se agotan y la silenciosa y paciente vigila gana la corona. 

Jesucristo dice con un decidido énfasis: "¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?" La oración es la ocupación más importante y para dedicarnos a ella deber haber calma, tiempo y propósito; de otra manera se degrada hasta hacerse pequeña y mezquina. La verdadera oración obtiene los más grandes resultados para el bien, mientras que los efectos de la oración pobre son de poca consideración. No podemos medir los alcances de la verdadera oración; ni las deficiencias de su imitación. Necesitamos volver a aprender el valor de la oración, entrar de nuevo en la escuela de la oración. No hay otra materia cuyo conocimiento cueste tanto trabajo y, si queremos aprender el maravilloso arte, no debemos conformarnos con fragmentos aquí y allí con "una corta plática con Jesús", sino demandar y retener con puño de acero las mejores horas del día para Dios y para nuestras devociones, o no habrá oración digna de este nombre. 

Sin embargo nuestra época no se distingue por la oración. Hay pocos hombres que oran. La oración es desacreditada por el predicador. En estos tiempos de precipitación y ruido de electricidad y vapor, los hombres no se dan tiempo para orar. Hay predicadores que "dicen oraciones" como una parte de su programa, en ocasiones regulares o fijas; pero ¿quién "se despierta para asirse de Dios?" ¿Quién ora como Jacob oró, hasta que se le corona como un príncipe intercesor que prevalece? ¿Quién ora como Elías oró, hasta que las fuerzas cerradas de la naturaleza se abrieron y la tierra azotada por el hambre floreció como el jardín de Dios? 

¿Quién ora como Jesucristo oró en el monte "y pasó la noche orando a Dios?" Los apóstoles "persistieron en la oración", tarea la más difícil para los hombres y aún para los predicadores. 

Hay laicos que dan su dinero –algunos de ellos en gran abundancia-- pero no se dan ellos mismos a la oración, sin la cual su dinero es una maldición. Hay multitud de ministros que predican y desarrollan grandes y elocuentes sermones sobre la necesidad de un avivamiento y de que el reino de Dios se extienda, pero no hay muchos que hagan oraciones, sin las cuales la predicación y la organización son peores que vanas; esto ha quedado fuera de moda, casi es un arte perdido; por tanto, el hombre que pueda hacer que los predicadores y la iglesia vuelvan a la oración será el más grande benefactor de nuestra época. 





2 comentarios:

  1. Gloria a Dios maravilloso estudio 😦Muchas gracias por enriquecer nuestras vidas por guiarnos a un volcán que tiene que erupciónar con todo su poder La iglesia

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  2. Gloria a Dios maravilloso estudio 😦Muchas gracias por enriquecer nuestras vidas por guiarnos a un volcán que tiene que erupciónar con todo su poder La iglesia sumerja en la oración

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