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viernes, 21 de febrero de 2014

LOS PRIMEROS CRISTIANOS Y SUS ESCRITOS






Los primeros cristianos y sus escritos
Por qué la iglesia moderna necesita escuchar a la iglesia primitiva
David Bercot
Traducido por Anthony Hurtado  


CONTENIDO

1. El filósofo loco
2. La historia de dos abogados
3. Las reglas de la verdad
4. Principios de interpretación
5. Por qué el lenguaje humano es oscuro
6. Sistemas que no funcionan
7. ¿Qué harías en la vida real?
8. Fuentes buenas, fuentes malas
9. La boca del caballo
10. La respuesta
11. La gran sorpresa
12. La Septuaginta olvidada
13. Otras bombas
14. Lo que no preferiríamos ver
15. El verdadero conflicto




1. El filósofo loco

Cuando en una mañana el sol se levantó e iluminó las calles empedradas de la antigua Atenas, una extraña figura subió de una gran fuente de agua, donde él había pasado la noche. Vestido de una túnica raída y sucia, andaba como vagabundo por las calles angostas de la ciudad. Mientras caminaba, su cabello blanco y su barba abundante y blanca reflejaban los rayos del sol de aquella mañana. Aunque era un día soleado, él llevaba una antorcha encendida en sus manos, mientras caminaba con esfuerzo abriéndose paso por en medio de una muchedumbre que caminaba en toda dirección. 
Dirigiéndose al mercado, bullicioso y aglomerado, se acercó a un hombre tras otro, alzando su antorcha en dirección a sus rostros, examinando cuidadosamente cada línea de sus semblantes. En medio de los estrépitos de los caballos y de los gritos de los vendedores que ofrecían sus mercancías, los espectadores trataron con cuidado con este hombre raro y enloquecido.
“Tú, loco, ¿qué haces aquí?,” alguien de entre el gentío allí reunido le gritó sarcásticamente.
“Mi nombre es Diógenes,” respondió apresuradamente, “y estoy buscando a un hombre honesto.”
Si Diógenes llevara su antorcha a las iglesias en estos días, ¿encontraría a una persona honesta? La razón de mi pregunta es porque este libro principalmente trata sobre la honestidad.
Por el término “honestidad,” no me estoy refiriendo a la actitud hostil de robar o mentir. Más bien, estoy hablando de la honestidad intelectual y espiritual. Es decir, de la buena disposición para ser totalmente objetivos en la búsqueda de la verdad de Dios. Los cristianos intelectualmente honestos tienen el deseo y la capacidad para ver todos los lados de cualquier tema espiritual o teológico. Éstos están mucho más comprometidos en investigar cuál es la verdad que defender sus posiciones personales o las de su denominación o iglesia.
En realidad, la honestidad espiritual e intelectual debería caracterizar naturalmente a todos los cristianos. La Escritura nos dice que Dios es un Dios de verdad (Salmos 31:5). Una persona que en verdad ha nacido de Dios desea intensamente imitar a su Padre. Como Jesús declaró: “Los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24, la cursiva es mía).
Por tanto, si tu deseo vehemente no es por la verdad, temo que has malgastado tu dinero comprando este libro. Si deseas simplemente encontrar apoyo para tus interpretaciones personales o denominacionales, entonces no tiene sentido que sigas leyendo. Tu deseo será mucho más satisfecho, leyendo solamente la literatura publicada por tu iglesia o denominación. 
Sin embargo, si sientes dolor en tu corazón buscando la verdad, si tu anhelo ferviente es adorar a Dios en espíritu y en verdad, sólo te pido que en oración y con honestidad consideres lo que tengo que decir.
 Pero déjame decirte ahora en el comienzo que este no es un libro acerca de la interpretación personal de David Bercot de la Biblia. No estoy diciendo que si estás interesado en la verdad, debes seguir mi interpretación personal de la Biblia. De hecho, el mensaje de este libro es exactamente lo opuesto: Estoy diciendo que el pensamiento de David Bercot es totalmente irrelevante. Yo no estoy en una mejor posición que tú para entender con exactitud las Escrituras. Si la opción está entre tu interpretación y la mía, puedes seguir también tu propia interpretación.

Por qué es necesario este libro
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo con gran franqueza que los métodos para entender las Escrituras que nosotros los cristianos creyentes de la Biblia hemos utilizado, no funcionan. Ninguno de ellos ha provisto un medio sólido para que todos los cristianos llegaran a ser un cuerpo otra vez.
A pesar de todos los sistemas de interpretación bíblica que han sido promovidos desde la Reforma, en cada siglo el cuerpo de Cristo se ha visto cada vez más fragmentado. Hoy en día, los cristianos profesos están divididos en más de 22 000 denominaciones y sectas diferentes, con un promedio de cinco nuevas que se organizan cada semana.  Y, generalmente hablando, ninguna de estas denominaciones y sectas depende de ninguno de los otros grupos. Además, casi todas estas denominaciones han sido establecidas desde el tiempo de la Reforma.
Si tú piensas que Cristo no objeta que su cuerpo esté siendo fragmentado por miles de divisiones, reflexiona. Lo más importante en su mente antes que fuese arrestado era la unidad de la iglesia. Él oró, diciendo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20,21).
Sin embargo, a nosotros los protestantes no nos importan nada si desgarramos otro pedazo de carne del cuerpo de Cristo. No admitimos que la división es un pecado peligroso. Pablo la catalogó como una de las “obras de la carne… acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas, no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19,21). Pablo le dijo a Tito: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio” (Tito 3:10,11). Quizá esa Escritura nos condena a nosotros los cristianos de hoy; somos hombres y mujeres que “causan divisiones” y “nos hemos pervertido y pecamos.” Pues nosotros y nuestros antepasados hemos causado divisiones en el cuerpo de Cristo.
En el transcurso de este libro, estaré utilizando muchas veces el término “protestante” para referirme a todos los cristianos profesos que no pertenecen a la Iglesia Católica Romana ni a ninguna de las iglesias ortodoxas del oriente. En otras palabras, cuando use este término, estaré incluyendo principalmente a los protestantes, evangélicos, pentecostales, anabaptistas y otros grupos no católicos. Soy consciente de que muchos de tales grupos no se consideran protestantes. Particularmente yo no me considero ser uno de ellos. Si me permites usar el término “protestante” en tal sentido libre y colectivo, en lugar de nombrar individualmente a todos los grupos no católicos cada vez que me refiera a ellos, este libro podrá expresarse con rapidez.
Y de una u otra manera, casi todos nosotros los “protestantes” hemos hecho nuestra parte en astillar aún más el cuerpo de Cristo. No sólo no nos arrepentimos de nuestro espíritu sectario, incluso queremos hacer de Dios un cómplice de nuestro pecado. Usualmente he oído a los cristianos evangélicos decir: “Es importante ir a la iglesia donde Dios quiere que vayas.” En otras palabras, Dios quiere que Juan Doe vaya a una cierta iglesia, María Jones a otra y Bob Smith aún a otra. Nos engañamos a nosotros mismos pensando que Cristo quiere un cuerpo dividido, a pesar que en su oración, Él desea lo contrario.
A pesar de sus limitaciones, la Iglesia Católica Romana, al menos ha sido capaz de permanecer como un sólo cuerpo. En contraste, desde el inicio, los reformadores estuvieron divididos los unos de los otros. En el transcurso del tiempo, aquellas divisiones sólo han empeorado. Hasta las religiones falsas tienen un mejor antecedente histórico que el de los cristianos bíblicos. El Islam es mucho más antiguo que las iglesias que surgieron a partir de la Reforma, y aún así, aquellos grupos adoran juntos en la misma mezquita cuando se hallan en un país extranjero.
No, no es normal para un grupo religioso fragmentarse en 22 000 sectas en un período menor de 500 años. Es algo raro. Y cuando los cristianos son los que lo hacen, es todavía más pecaminoso. “Pero, ¿qué puedo hacer?,” podrías preguntarte. “No es culpa mía que haya tantas denominaciones y divisiones.” Y en cierto sentido es verdad. La mayoría de nosotros no somos los que fundaron la gran variedad de denominaciones y sectas. Pero sí compartimos la misma mentalidad y el mismo espíritu de aquellos fundadores. Y si no estamos trabajando hacia una solución, entonces somos parte del problema.
Tenlo por seguro. Sí hay solución al problema de división. Todos los cristianos bíblicos que en verdad aman a Dios pueden ser un solo cuerpo. Y no estoy hablando de la unidad ecuménica la cual se basa en minimizar o pasar por alto los mandamientos y las verdades fundamentales del cristianismo. 
Antes bien, el mensaje de este libro es que, en un alto grado, nuestras divisiones son un resultado de nuestros métodos ilógicos que usamos para entender las Escrituras. Por “nuevo” no me estoy refiriendo a un extraño o esotérico sistema de interpretación bíblica. Estoy hablando de precisamente lo opuesto. Este “nuevo” método es tan obvio y elemental que simplemente es la lógica.




2. La historia de dos abogados

La defensa del abogado ha sido brillante. Testigo tras testigo se había dado por vencido frente a su fulminante contrainterrogación. Él había luchado las batallas cruciales en el procedimiento judicial como si lo hiciera con tácticas militares. Y su conmovedor argumento ante el jurado fue pronunciado con tal sentimiento que numerosos miembros del jurado fueron movidos a las lágrimas. El jurado esperó sólo un breve momento antes de pronunciar su veredicto: “¡Inocente!”
Sí, el brillante abogado había ganado; pero la verdad había perdido. Porque el acusado realmente había cometido el crimen. Su abogado había ganado, suprimiendo la evidencia (legalmente, por supuesto). Pero para el abogado, la verdad era irrelevante. El objetivo principal del juicio no era hallar la verdad. Al contrario, era obtener un veredicto “¡inocente!” por parte del jurado.
La metodología usada por un abogado en un proceso judicial es empezar con una meta ya decidida en su mente: una idea que ya está decidida, que “su cliente ya está en lo correcto.” La labor de un abogado en un juicio no es descubrir la verdad; más bien, es conformarse, con toda la evidencia posible, a apoyar el caso de su cliente. Y, si fuera legalmente posible, podría hasta eliminar y dejar escondida toda evidencia que perjudicaría el caso de su defendido.
El hecho triste es que los abogados judiciales y los teólogos son hermanos gemelos. Increíblemente pocos teólogos empiezan con una mente sin prejuicios y abierta para recibir la verdad de Dios. Así como los abogados judiciales, los teólogos empiezan con una idea preconcebida: que su seminario de teología está en lo correcto. Ellos miran las Escrituras como una piscina de versículos, de la cual podrían reunirse afirmaciones que apoyen su teología. E ignoran o pasan por alto los versículos que no la apoyan.
Como el escritor victoriano Samuel Butler, observó: “Un obispo casi no puede ver los hechos tal como son. Es su profesión apoyar una posición. Por tanto, le resulta imposible examinar sin prejuicios la otra parte.” 
Y de la misma manera que los abogados judiciales intentan suprimir legalmente toda evidencia que no apoye el caso de su defendido, muchos teólogos han intentado suprimir puntos de vista y evidencias importantes que no apoyan su teología. De hecho, comparados a los teólogos, los abogados parecen ser más corteses en el trato con sus oponentes. En tiempos pasados, generalmente los teólogos silenciaban a un oponente, quemándolo en la estaca o torturándolo hasta que se retractara de sus opiniones.
No sólo eran los católicos romanos que torturaban y mataban a los opositores de su teología. Luteranos, calvinistas, anglicanos y puritanos también hacían lo mismo. Ya que la tortura y la ejecución ya no son medios aceptables, los teólogos en la actualidad a menudo sepultan a sus oponentes con un aluvión de epítetos y denunciaciones. Al hacer esto, los teólogos protestantes simplemente están siguiendo el ejemplo del fundador de la Reforma. Martín Lutero, en su libro La esclavitud de la voluntad, escrito en respuesta al libro de Erasmo sobre el libre albedrío, Lutero se dirigió a Erasmo con un lenguaje vulgar y despectivo: 
Aunque parezca inútil responder a tus argumentos que a menudo ya los he refutado y que también ya han sido pisoteados por el incontrovertible libro de Felipe Melancton “concerniente a las cuestiones teológicas”: un libro que a mi juicio es digno no sólo de ser inmortalizado, sino de ser incluido en el canon eclesiástico. En comparación de éste, tu libro es, en mi opinión, muy despreciable y vil. Siento gran compasión por ti que has ensuciado tu ingenioso y bello lenguaje con tal desecho vil. 
En el tribunal, a ningún abogado se le permitiría dirigirse a su oponente con tal lenguaje despectivo. Pero en las guerras teológicas está permitido. La metodología de Lutero me recuerda una anécdota que oí en una conferencia:
El guardián de una iglesia estaba limpiando el edificio donde se reunía esa iglesia un lunes en la mañana. Mientras desempolvaba el púlpito, notó que el ministro había olvidado los apuntes de su sermón sobre el púlpito. El guardián curiosamente comenzó a hojear sus apuntes. Pronto notó que el ministro había escrito varios puntos de referencia en el margen de sus notas. A lo largo de un párrafo había escrito: “Una historia acerca de una madre y un bebé- hablar suave y tiernamente.” Y a lo largo de otro párrafo: “Punto de motivación- hablar con seguridad y entusiasmo.” Había muchas notas más escritas en los márgenes. Sin embargo, la nota que particularmente cautivó la atención del guardián era una que decía: “Punto débil- ¡gritar como loco!”
Desafortunadamente, hay un poquito de verdad en esta historia. Los teólogos usualmente son más dogmáticos en los temas donde su apoyo bíblico es más débil. Y donde sus fundamentos son más temblorosos, con gran rapidez etiquetan a sus oponentes de herejes.

Un diferente tipo de ley
Cuando comparo a los teólogos con los abogados judiciales, no estoy especulando. Pues yo mismo ejerzo la abogacía y también soy un estudiante serio de las Escrituras. Yo he presenciado de qué manera desarrollan sus papeles los abogados judiciales y los teólogos.
Sin embargo, ya no ejerzo la abogacía en procesos judiciales desde que encontré muchos conflictos entre dicha profesión y las enseñanzas de Cristo. Ahora limito mi carrera exclusivamente a la examinación de títulos de propiedad, lo cual requiere un tipo de mentalidad bastante diferente al trabajo realizado en un proceso judicial. En Texas, donde yo ejercía mi carrera, como en la mayoría de los estados en EE.UU, obtener una escritura para una extensión de tierra en realidad no le asegura al comprador la recepción del título de propiedad para ese terreno. Para que el comprador esté seguro de obtener el título de propiedad, debe adquirir el seguro del título o contratar a un abogado que examine el registro de títulos de dicho terreno.
Mi cliente principal es la Compañía minera de servicios públicos de Texas, una subsidiaria de una compañía eléctrica que compra tierras con depósitos de carbón y lignito. Antes de realizar la compra de dichas tierras, mi cliente quiere asegurarse de que está recibiendo un buen título para la tierra, el carbón y el lignito. Mi trabajo es leer y analizar cada documento que pueda afectar el título del terreno. Mi cliente me paga para ser absolutamente objetivo, no tener prejuicios e incluso ser crítico en detalles insignificantes. 
En el mundo de la abogacía judicial, lo que el jurado cree que es la verdad es infinitamente más importante de lo que en realidad es la verdad. Por el contrario, en el mundo de la abogacía de títulos de propiedad, la verdad es lo que importa. El hecho de que el vendedor piense que tiene un buen título es de poca importancia. Soy pagado para averiguar la verdad acerca del título de la tierra, aún así contradiga a lo que otros piensen. Y a veces lo que descubro no complace a nadie. De no ser así, mi cliente no lo obtendría de ningún otro modo. Lo que menos desea mi cliente es explotar el carbón y el lignito, y luego descubrir que alguien más posee el título de propiedad de esa tierra.
Si nosotros los hombres vemos la necesidad de ser honestos y objetivos cuando están en juego títulos de tierras, ¿cuánto más necesario debería ser cuando la eternidad está en juego? No obstante, irónicamente, cuando la eternidad está en juego, nosotros buscamos la verdad usando los métodos de un abogado judicial: Comenzamos con nuestras ideas ya decididas y luego construimos un caso a partir de textos de prueba para apoyar la conclusión a la cual ya habíamos llegado.
Pero si en verdad deseamos agradar a Dios, no podemos acercarnos a la Escritura de esta manera. En lugar de ello, deberíamos acercarnos a ella con la misma honestidad objetiva y sin prejuicios que un abogado de títulos de propiedad emplea en su trabajo. Si no lo hacemos, nunca hallaremos la verdad. 
Ahora, voy a formular una afirmación bastante audaz. Yo no haría tal afirmación a no ser que en verdad lo creyera de todo corazón. La afirmación es la siguiente: Si nosotros los cristianos que creemos en la Biblia usáramos sencillamente los principios lógicos de interpretación que usan los abogados de títulos, todos podríamos ser un sólo cuerpo otra vez.
Vamos a echar una mirada a estos principios. Pero antes de hacerlo, hay unas pocas cosas que necesitamos entender acerca de la verdad.



3. Las reglas de la verdad

Cuando examino el título de una extensión de tierra, soy consciente que las conclusiones a las que puedo llegar, no afectarán de ningún modo a cómo es realmente poseído el título de propiedad. En otras palabras, mis conclusiones no pueden alterar la verdad. Si yo fuera a convencer a mi cliente erróneamente que el título está claro, sólo lograría perjudicarlo. El título mismo no sería afectado.
Esto es lo primero que necesitamos entender acerca de la verdad:



En otras palabras, las verdades acerca de Dios, de su Hijo, de nuestra salvación, de los castigos y premios después de la muerte, del bautismo y de otros muchos temas espirituales, no son afectadas en lo más mínimo por lo que tú y yo creamos. Si yo pudiera persuadir a cada persona en el mundo a aceptar todas mis creencias, esto no significaría que dichas creencias fueran correctas. Ni cambiaría lo que realmente es la verdad.
Yo creo que todos aceptaríamos este principio. De hecho, probablemente nadie afirmaría que él puede cambiar las verdades eternas por lo que cree. Pero nuestras actitudes demuestran lo contrario. El hecho es que nosotros conscientemente ignoramos las escrituras que contradicen nuestras doctrinas, y rehusamos admitir que otras interpretaciones de escrituras claves puedan ser correctas. Los eruditos acomodan sus traducciones de la Biblia para defender sus propias ideas preconcebidas. Y nosotros escogemos las traducciones que se adecúan a nuestros prejuicios y a los de nuestros líderes. De hecho, la mayoría de nosotros rehusamos ver las evidencias que podrían probar que nuestras interpretaciones son incorrectas.
Sí, en nuestro subconsciente realmente pensamos que podemos cambiar las verdades eternas manipulando la Biblia u ocultando las evidencias. ¡Qué ingenuos somos! Como Winston Churchill dijo: “La verdad es incontrovertible: el temor puede guardarle rencor, la ignorancia puede escarnecerla, la malicia puede distorsionarla; pero la verdad permanece allí.” 
A menos que una persona verdaderamente crea desde lo profundo de su alma que ella no puede alterar la verdad, nunca entenderá apropiadamente las Escrituras. Y a no ser que ella crea que no tiene nada que temer por la verdad, ni siquiera deseará hacer una búsqueda honesta de la verdad.
“Pero, ¿cómo puedo estar seguro si en verdad creo en este principio, que la verdad no puede cambiar?,” podrías preguntarte. La respuesta es: tú lo sabrás cuando seas capaz de leer la Biblia con la misma objetividad e imparcialidad con que un abogado de títulos lee una escritura. Es decir, cuando puedas acercarte a la Biblia con el único deseo de saber lo que en realidad la Biblia quiere decir. Pero hay una barrera que nos impide a la mayoría de nosotros a hacer esto. Dicha barrera se llama creencias preconcebidas.

Las creencias preconcebidas
Varios años atrás, durante una visita a Harlingen, Texas, mi esposa y yo paseábamos por una tienda de alfombras. Además de vender alfombras, la tienda también era una distribuidora autorizada de las aspiradoras Electrolux. Estábamos parados a unos pocos metros del mostrador, cuando una mujer se dirigió a la dueña de la tienda y le preguntó: “¿Qué marca de aspiradora recomienda usted?” ¿Cuál crees que fue la respuesta de la dueña?
Obviamente la dueña dijo que recomendaba las aspiradoras Electrolux. Pero ella no era una partidaria desinteresada, ¿cierto? Esta mujer ya tenía ideas preconcebidas sobre el asunto.
Éste es el principal problema cuando leemos la Biblia. Nosotros ya tenemos ideas preconcebidas de lo que encontraremos aún antes de voltear las páginas.




Como un antiguo escritor señaló: “Es imposible enseñar a alguien algo que él cree que ya sabe.” Si estamos convencidos que ya sabemos correctamente cuáles son las enseñanzas de la Biblia, podemos leerla una y otra vez, y aún así, nunca ver algo diferente de lo que ya creíamos. Para estar abiertos para recibir la verdad, debemos empezar con una mente en blanco.
Pero a la mayoría de nosotros nunca se nos ha dado esa oportunidad.

Cómo llegamos a nuestros sistemas de creencias?
Aunque ahora limito mi profesión al trabajo de títulos de propiedad, anteriormente a menudo atendía algunos casos de litigios. Y en casi todos los casos gané. ¿Brillante abogado? ¡No! Apenas soy competente en la sala de un tribunal. Yo gané casi todos mis casos porque la otra parte nunca aparecía. En la ley a esto llamamos juicio en rebeldía. Los peores abogados del mundo pueden ganar un juicio en rebeldía. 
Desafortunadamente, la mayoría de cristianos han adquirido sus creencias doctrinales por medio de un “juicio en rebeldía.” No es muy dificultoso convencer a una persona que un conjunto de doctrinas son la “verdad,” mientras no se considera el conjunto de doctrinas opuestas.
Tomemos como ejemplo el caso de Peter Hawkins. Éste fue criado en un hogar piadoso. Sus padres fueron encargados de una iglesia de las Asambleas de Dios. Ambos inculcaron creencias pentecostales en Peter desde su niñez. Cuando Peter llegó a ser adulto, él sabía detalladamente todas sus doctrinas principales de santidad, y podía defenderlas hábilmente con las Escrituras. Él se reiría si le dijéramos que él obtuvo sus creencias por un juicio en rebeldía. “No, yo creo lo que creo porque esto es lo que la Biblia enseña,” él nos diría con mucha seguridad.
María Rodríguez tiene un testimonio un poco diferente. Ella fue criada en un hogar católico. Su madre iba a misa con regularidad, su padre iba con menos frecuencia. Sus padres raramente oraban en los alimentos (o en cualquier otra ocasión), y casi nunca leían su Biblia católica. Cuando María terminó sus estudios secundarios, dejó totalmente de asistir a misa. Pronto comenzó a utilizar drogas y a vivir inmoralmente.
Cierto día una compañera de trabajo llamada Janet le dijo a María cómo podía ella tener una relación personal con Dios. Ella mostró a María varios versículos de la Biblia que le demostraban la necesidad de reconocer sus pecados, arrepentirse de ellos y aceptar a Jesús como su salvador personal. María oró seriamente e invitó a Jesús a entrar en su corazón. Desde entonces comenzó a asistir regularmente a una iglesia bautista local con Janet. Ella se inscribió en los estudios dominicales “los nuevos miembros,” donde aprendió muchos temas bíblicos. Actualmente, María es una miembro fiel de la misma iglesia bautista. Igual que Peter, ella rechazaría con firmeza la idea de haber recibido sus creencias por un juicio en rebeldía. No, ella cree lo que cree “porque eso es lo que enseña la Biblia.”
A pesar de sus rechazos, Peter y María son ejemplos clásicos de cristianos que han obtenido sus creencias por un juicio en rebeldía. Como a un niño o a un nuevo creyente, sólo una versión del evangelio les fue presentada a ellos. Desde entonces, ambos han leído la Biblia a través de los ojos teológicos de la iglesia a la cual pertenecen.
Ahora Peter y María saben muy bien que hay otras numerosas versiones diferentes del evangelio. E incluso saben cuáles escrituras “tuercen” para apoyar sus doctrinas. Peter puede demostrar con claridad porqué la versión del evangelio que cree María es errada; y María del mismo modo, puede demostrar a cualquiera porqué la versión del evangelio que cree Peter es errada.
A menos que tú pertenezcas a unos de los “pueblos no alcanzados” que nunca han oído el evangelio y que no hayas tenido contacto con otros cristianos, entonces también tienes ideas preconcebidas acerca de lo que dice la Biblia. Eso no quiere decir que tales ideas sean incorrectas. Tampoco quiere decir que hay algo malo en el hecho de tener ideas preconcebidas. Los padres deberían instruir a sus hijos en lo que ellos creen que es la verdad. Las iglesias deberían proporcionar instrucción bíblica a sus miembros.
Por lo tanto, las ideas preconcebidas son normales. Pero esto no cambia el hecho de que ellas son una barrera para encontrar la verdad.
¿Cuándo fue la última vez que escuchaste la Escritura?
Debido a nuestras creencias preconcebidas, la mayoría de los cristianos nunca han experimentado en verdad qué es escuchar lo que los escritores de la Biblia están diciendo. En lugar de ello, cuando leemos las Escrituras, todas nuestras ideas preconcebidas que nos fueron inculcadas desde niños o desde que nos convertimos, ahogan las palabras reales de la Biblia. Nosotros vemos las palabras en las páginas de nuestras biblias y pensamos que estamos escuchando aquellas palabras. Pero en realidad usualmente escuchamos sólo las palabras de nuestros maestros, no las palabras de la Biblia.
Permíteme explicarte lo que quiero decir. A mí me enseñaron a creer que todos los humanos heredan la culpabilidad del pecado original de Adán. Quizá es la teología correcta; quizá, no. Lo correcto de dicha teología no es importante en este punto. Desde niño me mostraron Romanos 5:12 como prueba de esta enseñanza: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”
Como consecuencia, cada vez que yo leía Romanos 5:12, mi mente oía decir al versículo: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos heredaron el pecado y la culpa de Adán.” Mi mente siempre oye las palabras de mis maestros, no las palabras reales de la Escritura. Y así estuve absolutamente convencido de que la Escritura enseñaba que nosotros heredamos el pecado y la culpa de Adán. Si alguien rechazara ese principio, yo diría que está ignorando el lenguaje claro de la Escritura.
Me tomó casi 30 años para darme cuenta que yo estaba escuchando interpretaciones preconcebidas, no el lenguaje sencillo de la Escritura. Para estar seguros, la teoría que afirma que nosotros heredamos la culpa de Adán, es una explicación plausible de Romanos 5:12. Quizá es la explicación correcta. Pero hay otras explicaciones plausibles de ese versículo. Y ninguno de nosotros será capaz de oír en verdad la Escritura hasta aprender a separar nuestras creencias doctrinales- nuestras “creencias plausibles”- del lenguaje real de la Escritura.
En resumen, dos de las reglas básicas de la verdad son: (1) Lo que nosotros creemos que es la verdad, no cambia lo que en realidad es la verdad, y (2) las creencias preconcebidas son una barrera para encontrar la verdad. Ahora que reconocemos estas dos características de la verdad, estamos listos para mirar algunos de los principios lógicos de interpretación que nosotros los abogados de títulos de propiedad usamos.

Una mente en blanco
Cuando mis clientes me dan un resumen del título a examinar, ellos quieren que comience con una mente en blanco. En otras palabras, no quieren que yo tenga ideas preconcebidas en cuanto al tipo de problemas de título que he de descubrir cuando examine dicho resumen. Lo que mi cliente no desea que yo haga, es examinar el título con prejuicios. Ellos no quieren que yo “construya un buen caso” de tal forma  que la persona de la cual planean comprar la tierra tenga el título limpio. Una prejuiciosa reexaminación de título sería inútil para ellos.
Eso ejemplifica el primer principio lógico de interpretación: 






“Y, ¿dónde nos deja eso?,” podrías preguntarte. “Ya que todos tenemos ideas preconcebidas, ¿cómo podemos descubrir la verdad?” No te alarmes. Hay un camino. Tenlo por seguro, la batalla está medio ganada una vez que la persona reconozca y admita que su mente no está en blanco. En otras palabras, no podemos tener una mente en blanco a no ser que admitamos que no tenemos una.
Sé muy bien que es difícil para la mayoría de nosotros admitir que tenemos creencias preconcebidas. Yo tenía treinta y siete años antes que mis ojos fueran rudamente despertados. Luego comencé a ver cuantas ideas preconcebidas realmente tenía. Antes de aquel tiempo, yo habría rechazado firmemente tener algunas.
¿Cómo puedes saber que estás leyendo las Escrituras con una mente en blanco? La respuesta es: cuando no tienes un sistema teológico que defender, cuando no tienes conclusiones previas a las cuales la Biblia deba estar ajustada. En realidad, ése es un estado muy dificultoso de obtener. Pero te mostraré un atajo inicial para ponerte en marcha.
Supongamos que tú estabas a punto de realizar un estudio sobre la enseñanza de la Biblia en cuanto a la salvación. Serías un cristiano raro, si no tienes algunas creencias sobre el tema referido. Pero vamos a pretender que aquellas ideas preconcebidas no existen. Al contrario, intentaremos trabajar alrededor de ellas.
Cuando tú veas las escrituras que correspondan al tema de la salvación, pregúntate tú mismo: “Si yo hubiese sido criado en una sociedad pagana y nunca antes hubiera leído la Biblia, ¿qué significado tendría este versículo para mí?” En otras palabras, “si yo no supiese nada, ¿probablemente qué pensaría de lo que dice este versículo?”
Este es el primer paso. Ahora, veamos algunos de los otros principios lógicos de interpretación.



4. Principios de interpretación

Cuando retiré el paquete de mi buzón de correos, yo sabía exactamente lo que contenía en él. Eran más resúmenes de la Compañía minera de servicios públicos de Texas. Un resumen es una compilación de todas las escrituras y otros documentos que afectan la cadena de títulos de una extensión particular de tierra. Me esperaba uno o dos días más de una pesada lectura. Sin embargo, cientos de miles de dólares dependerían de mis interpretaciones de las numerosas escrituras y de los demás documentos que contenían los resúmenes. Con tantas cosas en juego, yo no podía darme el lujo de adivinar acerca de las cosas. No, yo tenía que usar principios confiables de interpretación. 
El primer principio de interpretación que hemos considerado es básicamente la lógica: empezar con una mente en blanco. El segundo principio es también básico: empezar por el comienzo.
Yo siempre empiezo a examinar un título, leyendo primero el Patentado. El Patentado es el instrumento por medio del cual el gobierno transfiere por primera vez una tierra a un dueño privado. En Texas, esto usualmente quiere decir retroceder a los años anteriores a 1850: volver a menudo a los años cuando México poseía la tierra. Una vez que haya estudiado el Patentado, paso a examinar el título en adelante, leyendo cada escritura, contrato de arrendamiento, testamento, hipoteca y otros papeles que puedan afectar el título del terreno. Jamás se me ocurriría saltar hasta el siglo XX, cuando las escrituras comenzaron a ser escritas a máquina y empezar en ese punto.
Del mismo modo, al interpretar cualquier documento, sea una escritura o un testamento, siempre empiezo por el comienzo. Yo no salto hasta la mitad del documento, para luego empezar a leer.
Este mismo principio se aplica a la Biblia. Cuando buscamos las verdades del cristianismo mediante dicho principio, esto quiere decir que volvamos a las palabras de Jesús mismo. Este es un principio obvio. Sin embargo, aquí la mayoría de los cristianos evangélicos  se desvían. Ellos comienzan con Pablo, no con Jesús. Muchos de los evangélicos prácticamente ignoran las enseñanzas de Jesús, afirmando que ellas se aplican a una dispensación más antigua o a la “época del reino.” Otros retocan las palabras de Jesús para encajarlas a los escritos de Pablo.
¡Cuán extraño! Jesús dijo: “El discípulo no es superior a su maestro.” (Lucas 6:40). Pero nosotros hacemos de Pablo, el discípulo, superior a Jesús, el Maestro. Hacemos de Jesús un subordinado de Pablo; entendemos las palabras de Jesús sólo en el contexto de los escritos de Pablo. A diferencia de tal actitud, los primeros cristianos entendieron a Pablo en el contexto de las enseñanzas de Jesús. El evangelio de los tales fue sobre todo el evangelio de Jesús.


Nuestro método al revés para entender la Biblia no es una tradición muy antigua (no se origina con los primeros cristianos). Comenzó con Martín Lutero, el cual confirmó que el libro de Romanos es “la parte esencial del Nuevo Testamento.”  Quizá nosotros no usamos las palabras exactas de Lutero, pero en la práctica seguimos sus pasos.
Sin embargo, el método lógico para entender la Biblia nos exige comenzar con el autor del cristianismo: Jesucristo; no con Pablo. En nuestro estudio ilustrado en cuanto a la salvación, dicho método lógico nos guía a comenzar con los cuatro evangelios.
El Instituto de leyes de América declara otro principio lógico que los abogados de documentos utilizan: “Donde el lenguaje tiene generalmente un significado predominante, será interpretado de acuerdo a dicho significado.”  En otras palabras, comenzar dando a todas las palabras su significado ordinario y obvio.


Al aplicar este principio en nuestro estudio ilustrativo de la salvación, quiere decir que cuando leas a través de todo el Nuevo Testamento, otorga a cada versículo su significado literal y sencillo. En este punto, no te preocupes por armonizar con lo que dicen otros versículos. Eso vendrá más tarde.
Al mismo tiempo, es esencial que mires todo pasaje en el Nuevo Testamento que concierne a la salvación, o que pueda concernir a la salvación. Ninguna declaración en la Escritura fue pensada para mantenerse sola. Las declaraciones en una porción de la Escritura a menudo se entremezclan con declaraciones hechas en otra parte. Esto es cierto para todos los documentos escritos. 
Por esta razón, el Instituto de leyes de América ha establecido el siguiente principio adicional: “Un escrito debe ser interpretado como un todo, y todos los escritos que son parte del mismo documento deben ser interpretados de manera conjunta.”  Aplicando dicho principio en el contexto de la interpretación bíblica, tenemos: 

En resumen, no es suficiente dar simplemente a cada pasaje de la Biblia su significado más común y literal. Es de igual importancia considerar todos los pasajes que se relacionan o podrían relacionarse con el tema estudiado.

Armando las piezas
Ahora, repasemos los 3 principios lógicos que hemos considerado hasta este punto: 

1. Empezar por el comienzo, con las enseñanzas de Jesús.
2. Al leer la Escritura, dar a cada declaración su significado literal si es considerada sola.
3. Observar toda declaración en la Escritura que se aplica o podría aplicarse al tema estudiado.
Después de terminar este libro, te animo a seguir estos cuatro pasos para ver lo que realmente enseña la Biblia sobre la salvación. Yo hice lo mismo varios años atrás. Pero no te diré a qué conclusiones llegué. Quiero ver a qué conclusiones llegas tú mismo. Además, no deseo divagar, prolongando un estudio sobre un tema teológico importante.
Más bien, para ser breves, comencemos con un tema que el Nuevo Testamento tiene poco que decir: el velo de la mujer cristiana. En efecto, sólo un pasaje en el Nuevo Testamento trata de este tema: 1 Corintios 11:1-16. El velo es un tema ideal para nuestro estudio, porque nadie lo consideraría una de las doctrinas principales del cristianismo. Por lo tanto, seamos capaces para hablar abierta y honestamente acerca de ello sin desviarnos de nuestro tema principal: entender la Biblia.
Este tema es ideal por otra razón: pondrá a prueba nuestro método. Esto se debe a que 1 Corintios 11:1-16 contiene varias declaraciones ambiguas que los cristianos de la actualidad han interpretado de diferentes maneras. Leamos juntos este pasaje, teniendo en mente nuestros cuatro principios lógicos de interpretación.
Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.  Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,  y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.  Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzgad ustedes mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. 1 Corintios 11:1-16 
Ahora, estudiemos este pasaje a la luz de nuestros principios lógicos y veamos si todos nosotros podemos llegar al mismo entendimiento. A la luz de nuestro estudio de la verdad, recordemos primero que al interpretar este pasaje, de ningún modo cambiaremos lo que Dios está diciendo aquí. Lo que nosotros podamos entender, en ninguna manera alterará lo que Dios requiere de nosotros.
Nuestro primer principio de interpretación es comenzar con una mente en blanco. Pero no podemos hacer eso hasta que primero reconozcamos que tenemos entendimientos preconcebidos sobre el tema. Dependiendo a qué iglesia pertenezcas, podrías tener alguna de las ideas preconcebidas acerca de este pasaje:

Pablo está diciendo que los hombres no deben llevar un velo o una cubierta sobre sus cabezas mientras oran o profetizan; pero las mujeres sí deben llevar un velo u otra cubierta mientras oran o profetizan.
Pablo está diciendo que las mujeres no deben cortar su cabello, porque su cabello largo les sirve de velo mientras ellas oran o profetizan.

Pablo está ordenando a las hermanas llevar un velo para que se diferencien de las prostitutas, ya que las prostitutas en Corinto no llevaban velos. Y puesto que es un asunto cultural, tales instrucciones ya no se aplican hoy en día.
Pablo está ordenando a cada hermana llevar cabello largo para no ser confundida con una sacerdotisa pagana, ya que las sacerdotisas paganas tenían por costumbre raparse el cabello o llevarlo muy corto. Otra vez, estas instrucciones no se aplican hoy.
También podrías tener algunos otros entendimientos preconcebidos sobre este pasaje. Pero cualquiera que sea, te voy a pedir que temporalmente los pongas a un lado. No te pido esto porque sea necesariamente incorrecto lo que tú creas de este pasaje. Pues ni siquiera sé lo que crees al respecto. Pero sé muy bien que hay conflictos en las interpretaciones de este pasaje, y no todas pueden ser correctas.
Ahora, habiendo puesto a un lado temporalmente todos tus puntos de vista, el siguiente paso es leer otra vez el pasaje lentamente, versículo por versículo. Empieza por el comienzo,  y mientras leas cada verso, pregúntate: “Si yo no supiera nada, ¿probablemente qué pensaría de lo que está diciendo este versículo?”
Es de gran importancia que en este punto no intentes armonizar cada versículo con otros, ni en este pasaje ni en otro. Eso vendrá después. En este punto lo más importante es escuchar lo que cada versículo dice individualmente. Estamos buscando el significado literal de cada versículo, si dicho versículo se mantiene solo. El todo es la suma de las partes. Y no podemos llegar al todo, si ignoramos una de sus partes.
Si hubiera otra porción en el Nuevo Testamento que tratase este tema, iríamos allí y seguiríamos el mismo procedimiento. No obstante, este es el único lugar en el Nuevo Testamento que trata sobre el velo. Finalmente, el último paso es darle su significado literal a todos estos versículos individuales de manera conjunta. Te animo a tomar un tiempo para esto.

¿Funciona nuestro método?

¿A qué conclusiones has llegado? Mi suposición es: al mismo lugar donde empezaste. ¿Por qué? Porque los cuatro principios que hemos considerado no son suficientes para resolver un pasaje dificultoso. Dicho pasaje contiene varias declaraciones ambiguas. Es decir, aquellas pueden ser entendidas de varias maneras. En el momento que intentamos armonizar nuestras lecturas literales de cada versículo, simplemente volvemos a nuestras concepciones. Después de todo, nuestras mentes no son como las pizarras: la mayoría de nosotros no puede borrar algo de la mente una vez que ha sido incrustado allí. En verdad, nuestros puntos de vista preconcebidos no se moverán de allí hasta que algo los reemplace.
Enfoquémonos por un momento en las ambigüedades del pasaje tratado. El versículo 5 claramente declara que una mujer afrenta su cabeza cuando ora con su cabeza descubierta. Pero el versículo 15 dice que “porque en lugar de velo le es dado el cabello.” ¿Significa esto que su cabello sirve como un velo referido en el versículo 5? Algunas personas dicen que sí; otras, no.
Otras partes de este mismo pasaje son igualmente oscuras: ¿Qué quiso decir Pablo en el versículo 16: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”? ¿Estaba diciendo Pablo que las iglesias de Dios no tenían otra costumbre que las mujeres cubrieran sus cabezas? ¿O estaba diciendo que no tenían ninguna costumbre establecida? 
Nuestros cuatro principios son insuficientes, porque no nos ayudan a resolver contradicciones y ambigüedades como éstas. Pero fue importante ir por este proceso para que apreciaras la necesidad de algunos otros principios de interpretación.
En realidad, la falta de claridad en este pasaje lo hace ideal para nuestro estudio. Dicho pasaje nos obliga a enfrentarnos con franqueza con una de las razones de por qué los cristianos que creen en la Biblia están tan divididos: muchos pasajes en la Escritura, quizá la mayoría, pueden ser interpretados de distintas maneras. No estoy diciendo que todas las diversas interpretaciones son correctas o plausibles, sino que los hombres siempre hallan varias formas de interpretar un gran número de pasajes bíblicos. Pero sólo una de esas interpretaciones es la correcta.
Que la Escritura sea a menudo ambigua, puede parecer bastante obvio, una observación lógica (¡lo cual es cierto!). Pero la falta de honestidad para reconocer este hecho es una de las principales razones por qué los cristianos tenemos tal atascamiento teológico. Nuestra negativa para admitir que gran parte de la Biblia puede ser interpretada de diferentes maneras, es uno de los obstáculos más grandes para la unidad del cristianismo.
Y únicamente después que reconozcamos este hecho, podremos comenzar a crear un progreso real hacia un entendimiento fiel de la Escritura. Déjame explicarte.



5. Por qué el lenguaje humano es oscuro

La razón por qué los protestantes y evangélicos que creen en la Biblia están tan divididos hoy, no es porque la Reforma se haya desviado del camino? No, es porque la Reforma nunca estuvo en el camino correcto desde el comienzo. De hecho, un observador astuto en los días de Martín Lutero pudo haber predicho fácilmente el resultado de la Reforma: la fragmentación del cuerpo de Cristo.
Digo esto porque prácticamente todos los reformadores fracasaron al negar que muchos pasajes bíblicos puedan ser interpretados de varias maneras. Más bien, ellos mantuvieron con firmeza que la Escritura es bastante clara y libre de ambigüedades. Y aquellos que no interpretaron de manera similar al reformador, sencillamente eran “enemigos de Dios que rehusaban aceptar lo que enseña la Escritura con claridad.”
Por ejemplo, Martín Lutero declaró enérgicamente que las Escrituras son totalmente claras. Él denunció a aquellos que decían lo contrario con ataques inimaginables:
Por tanto, acérquense, tú y todos los sofistas juntos, y muestren un misterio que aún sea oscuro en las Escrituras. Pero si muchas cosas aún permanecen oscuras para muchos, esto no es resultado de la oscuridad de las Escrituras, sino de su propia ceguera o falta de entendimiento… Por tanto, hombres miserables, cesen de imputar con perversidad blasfema la oscuridad de su propio corazón a la claridad de todas las Escrituras de Dios…
Si te refieres a la claridad externa, nada es dejado oscuro o ambiguo; pero todas las cosas que están en las Escrituras son traídas con la luz más clara por la Palabra y proclamadas a todo el mundo… En una palabra, si las Escrituras fueran oscuras o ambiguas, ¿qué necesidad hubo de ser enviadas desde el cielo?...
Pero temo que ya soy gravoso, incluso para los insensibles, viviendo largo tiempo y gastando mucha fuerza en un asunto totalmente claro; pero era necesario que el dicho insolente y blasfemo de que “las Escrituras son oscuras,” sea de esta manera silenciada… Por tanto, los que niegan la simplicidad y claridad de todas las Escrituras, no nos dejan nada sino las tinieblas.  
De algún modo los reformadores nunca aceptaron lo que era obvio. Si las Escrituras son “totalmente claras y sencillas,” ¿por qué entonces los mismos reformadores no pudieron llegar a un acuerdo en cuanto a las doctrinas de la Escritura? ¿Por qué la Reforma con su eslogan “sola Scriptura,” produjo tantas divisiones y sectas contradictorias?
Es triste decir que las iglesias protestantes nunca se han curado de la obstinación de Martín Lutero. Los cristianos de hoy todavía afirman con ímpetu que las Escrituras son totalmente claras y pueden ser interpretadas razonablemente de una sola forma. Sin embargo, aquellos mismos cristianos no pueden estar de acuerdo sobre qué cosas la Escritura “enseña con claridad.”
Es esta la razón por qué yo dije al comienzo que éste es un libro sobre la honestidad. Si no podemos ser honestos en cuanto a las ambigüedades presentes en la Biblia, jamás podremos encontrar el significado verdadero de ella. Y nunca llegaremos a ser un solo cuerpo otra vez.
Éste no es un ataque a la Escritura
Permíteme aclarar que yo creo firmemente en la inspiración e infalibilidad de la Escritura. Yo creo que ella es la única fuente escrita inspirada de autoridad para los cristianos. Reconocer la ambigüedad del lenguaje humano no es un ataque a la autoridad o inspiración de la Escritura. Es simplemente ser honestos. El problema no es que exista un tipo de deficiencia en la Escritura, sino que nuestras lenguas no son medios perfectos de comunicación.
Como abogado he experimentado personalmente lo dificultoso de redactar un contrato que no pueda ser entendido de diversas maneras. Incluso cuando escribo un contrato con extremo cuidado, todavía contiene declaraciones ambiguas. Y cuando los abogados deseamos redactar un contrato que cubra todas las contingencias y se vea libre de toda ambigüedad, a menudo terminamos con algo tan voluminoso como una guía telefónica. Y los únicos que podrían entenderlo, ¡serían los abogados! (Fue por una buena razón que Dios no usó a los abogados para escribir la Biblia).
Por supuesto, los medios de comunicación del Espíritu Santo son infinitos. Pero Dios escogió comunicar sus verdades a través de nuestras lenguas humanas finitas, así como ha escogido a los humanos imperfectos para que fueran sus consiervos. Después que Pablo fuera arrebatado al paraíso, él dijo que había oído cosas “inefables” en lenguaje humano (2 Corintios 12:4). Quizá muchas de las otras verdades de Dios sean también inexpresables en nuestros lenguajes.
Por qué las lenguas humanas son inexactas
Pocos meses atrás, mi esposa Débora y yo salimos al restaurante con otra pareja, David y Rhonda. Rhonda y yo ordenamos pollo dorado como plato principal. Ella ordenó pollo a la piña con papas fritas Yo ordené pollo santa fe con arroz. Cuando el mozo trajo los alimentos a nuestra mesa, Rhonda y yo miramos consternados la bandeja de alimentos. Mi pollo santa fe vino junto con las papas fritas de Rhonda, y el pollo a la piña que ella había pedido estaba adornado con mi arroz.
Cuando el mozo que nos atendió primero, se dio cuenta que tenía lugar un pequeño problema, rápidamente vino a nuestra mesa para indagar qué estaba mal. Cuando le dijimos acerca de la confusión, se disculpó y cortésmente nos preguntó: “¿Desean que yo me encargue (handle )  de esto por ustedes?” Rhonda y yo respondimos que sí.
Entonces, mientras mirábamos sentados, para nuestro asombro, el mozo tomó con sus manos el pollo a la piña y lo puso en el plato de Rhonda con sus papas fritas. Luego, tomó con sus manos el pollo santa fe y lo puso al lado de mi palto de arroz. ¡Éste no era un sucio restaurante para mecánicos! Cuando el mozo se fue sin más preocupaciones, Rhonda musitó entre sus dientes: “Me pregunto dónde han estado sus manos hoy.”
¿Por qué las acciones del mozo nos dejaron atónitos? Fue porque Rhonda y yo habíamos asumido que cuando el mozo preguntó: ¿Desean que yo me encargue de (handle) esto por ustedes?, él quiso decir, “¿Desean que yo me encarge de (handle) esto por ustedes?” (Esta es la cuarta definición para “handle” en mi Diccionario Webster). Sin embargo, el mozo quiso decir: “¿Desean que yo lo toque con mis manos (handle)?” (Esta es la primera definición para “handle” en el Diccionario Webster).
Como abogado sé muy bien como este tipo de malentendidos sucede a diario. Prácticamente todas las palabras en el idioma inglés tienen más de un significado. Hojea un diccionario universitario, y sabrás lo que quiero decir. De hecho, un gran porcentaje de nuestras palabras tienen tres o más posibles significados. Por ejemplo, el diccionario que yo utilizo contiene cuarenta y cuatro significados diferentes para “hand (mano).” Cuando las palabras aparecen juntas en una oración, queda eliminada la mayor parte de los posibles significados. Pero aún así nos deja con más de una posibilidad.
Este caso no es único en el idioma inglés. Otras lenguas son similares. Por consiguiente, no es culpa de la Escritura que muchos de sus pasajes puedan ser entendidos de varias formas. Simplemente es un reflejo de la imperfección de nuestras lenguas humanas.
Otras razones por qué la Escritura es oscura
La ambigüedad de las lenguas humanas sería suficiente para crear ambigüedad en la Escritura. Sin embargo, el problema es todavía más complicado por el hecho de que nuestra Biblia es una colección de obras escritas durante un espacio aproximado de 1500 años, por cerca de cuarenta hombres distintos. Sólo el Nuevo Testamento fue al menos escrito por ocho escritores diferentes en un período cercano a cincuenta años. La mayor parte de los libros del Nuevo Testamento son a menudo cartas escritas a una persona o a una congregación específica.
No debería sorprendernos entonces que el lenguaje literal de una escritura contradiga al lenguaje literal de otra escritura. Quizá la comparación que sirve de ejemplo es Efesios 2:8,9 con Santiago 2:24. Pablo escribió a los efesios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.” Pero Santiago escribió: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por los obras, y no solamente por la fe.”
Yo estoy seguro que el mismo Espíritu inspiró a ambos versículos para ser escritos. Y, por tanto, creo que ambos pueden ser armonizados. Pero el problema aquí no es cómo pueden ser armonizados. El punto es que necesitan ser armonizados. Pues el lenguaje literal de ambos versículos es contradictorio, o al menos parece ser contradictorio.
La presencia de tales pasajes contradictorios en la Escritura no debería sorprendernos. Al hablar o escribir ordinariamente, todos decimos cosas contradictorias. A veces, a diferencia de la Escritura, esto simplemente se debe a nuestra imperfección y falta de memoria. Pero muchas veces las contradicciones surgen porque dirigimos palabras en asuntos y momentos diferentes. Una declaración hecha en una ocasión no se aplica necesariamente a otra ocasión o asunto. Permíteme darte un ejemplo.
Una de las primeras secretarias que yo tuve fue una mujer madura que le encantaba cuestionar todo lo que yo escribía. A veces volvía a mí con una carta que yo la había dictado y decía algo como: “¿Estás seguro que esto es lo que quieres decir? ¿No sonaría mejor si dijeras de esta manera…?” A veces sus comentarios eran de gran ayuda, pero otras veces sencillamente no estaba familiarizada con el lenguaje que nosotros los abogados utilizamos al escribirnos el uno al otro. En varias oportunidades, ella cambiaba cosas que yo había escrito sin consultarme. Por tanto, cierto día, un poco enojado, le dije: “Cuando te dicte una carta, por favor, ¡escríbelo en la máquina tal como la dicte! ¡No cambies ni una palabra!”
Años después, trabajaba con una secretaria más joven. Su defecto era exactamente lo opuesto: escribía todo al pie de la letra. Aún si había un problema en la máquina de escribir, y algunas palabras eran omitidas de una oración, ella seguía escribiendo, ignorando el hecho de que lo que estaba escribiendo no tenía sentido. Si yo estuviera dirigiendo una carta al Sr. Smith, pero en mi distracción comenzara la carta diciendo, “Querido Sr. Jones,” ella la escribiría exactamente como escuchaba. Por tanto, en una ocasión le dije: “Cuando te dicte algo, fíjate en lo que estás escribiendo. Si no tiene sentido, ven y pregúntame. No lo escribas al pie de la letra.” 
Aquí, yo di dos instrucciones opuestas a las dos secretarias. ¿Fue así porque yo no sabía lo que quise decir? No, yo lo sabía muy bien. Ninguna de las dos instrucciones tenía el propósito de ser una orden absoluta por sí misma. Yo estaba afrontando diferentes situaciones en diferentes contextos. Por consiguiente, yo dije diferentes cosas que se adecuaran a las dos ocasiones.
Nosotros hallamos situaciones similares en la Biblia. Por ejemplo, Jesús dijo a los fariseos: “El que no es conmigo, contra mí es” (Lucas 11:23). Sin embargo, en otra ocasión, dijo a sus discípulos: “El que no está contra nosotros, por nosotros es” (Marcos 9:40). ¿A caso Jesús no supo lo que quiso decir? ¡Por supuesto que él sabía! Él simplemente se estaba dirigiendo a dos grupos diferentes de personas acerca de asuntos diferentes. Ninguna de las dos declaraciones tenía el propósito de ser una verdad absoluta en todas las situaciones.
Lo que no es la Escritura
Sin embargo, aún hay otra razón de por qué los cristianos bíblicos son incapaces de llegar a un acuerdo en cuanto al significado de la Escritura. Es porque muchas de las doctrinas que defendemos nunca son tratados directa o completamente en la Escritura en primer lugar. El Nuevo Testamento no contiene una buena lista resumida de las doctrinas cristianas. Ni siquiera contiene una declaración básica de la fe. Ninguno de los libros del Nuevo Testamento fue diseñado para ser un tratado teológico sobre un tema específico.
Por tanto, la mayoría de las doctrinas que seleccionamos de la Biblia son de declaraciones que fueron escritas mientras el escritor estaba tratando sobre algún otro tema. Un ejemplo clásico es Colosenses 2:11,12: “En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.”
Muchos cristianos han utilizado este pasaje para defender una forma particular de bautismo. Y no es necesariamente un mal uso de este pasaje. Sin embargo, el tema de Pablo no era el modo del bautismo. Simplemente hizo una breve referencia al bautismo, mientras hablaba sobre nuestra relación con Cristo.
Una vez que reconozcamos que muchos pasajes de la Escritura son ambiguos, seremos capaces de comenzar a buscar una respuesta para resolver aquellas ambigüedades. Sin embargo, aún no te daré mi respuesta final. En lugar de eso, quiero examinar algunos de los métodos que los cristianos usan para resolver estas ambigüedades. Desafortunadamente, ninguno de ellos funciona.



6. Sistemas que no funcionan

Comencemos echando una mirada a tres de los métodos más populares usados para interpretar la Escritura. Aunque éstos tienen algún valor, los tres son imperfectos:

“Dejar que los pasajes claros interpreten los oscuros”
Había sido una noche especial. Alrededor de veinticinco personas habían llegado a nuestra casa para oír hablar a un predicador piadoso sobre “el cristiano increíble” y pasar un tiempo juntos en oración y comunión. De hecho, todos se retiraron después de las 11 de la noche. Sólo yo y el predicador con otro hermano, pasamos la noche platicando sobre temas espirituales.
 Cerca de las tres de la mañana, él cambió de un tema a otro. Y luego terminó hablando sobre el punto de vista bíblico en cuanto al divorcio y las segundas nupcias. El problema es un poco espinoso debido a declaraciones aparentemente contradictorias hechas por Jesús. En Lucas 16:18, Jesús dijo: “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.” Pero en Mateo 19:9, Jesús dice: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera” (la cursiva es mía).
El pasaje de Lucas no menciona excepciones, pero el pasaje de Mateo introduce la frase “salvo por causa de fornicación” (Griego porneia). Los tres reunidos hablamos sobre cómo resolver este aparente conflicto. Uno de los hermanos mencionó que sólo había leído un libro referente al divorcio y a las segundas nupcias. El autor había propuesto una solución: “Deja que el pasaje claro interprete el pasaje que no es claro.”
Creí que este principio era válido, “¿pero cómo podría aplicarse al presente caso?,” me pregunté. 
El hermano respondió. “El pasaje de Lucas es claro, el de Mateo no. Por tanto, es el pasaje de Lucas el que guiará.”
“Bueno, aunque estoy de acuerdo con el principio,” respondí, “no estoy de acuerdo con la aplicación del principio que haces aquí. Me parece que cada pasaje individualmente es claro. Lo único que no está claro es cómo se relaciona un pasaje con el otro.”
Desafortunadamente ésa es la deficiencia inherente de dicho principio: ninguno de nosotros puede llegar a un acuerdo sobre qué pasajes son claros y cuáles no. Los prejuicios de una persona inevitablemente influencian su manera de evaluar sobre qué pasajes de la Biblia son claros y cuáles no. Sin embargo, incluso si llegáramos a un acuerdo, este principio no nos conduciría siempre a la verdad. Te daré un ejemplo.
Todos estamos familiarizados con las palabras de Jesús, “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Probablemente, la mayoría de nosotros estaría de acuerdo que la frase “pobres en espíritu” podría ser entendida de varias maneras. Particularmente he oído al menos tres diferentes explicaciones de dicha frase. Algunos dicen que “los pobres en espíritu” son aquellos que son libres del materialismo. Los “pobres en espíritu” podrían ser ricos económicamente, pero el uso que hacen de sus riquezas los convierte en pobres “por dentro.” Pero otros dicen que la frase significa “humildes” u oprimidos. Y aún otros dicen que la frase significa “espiritualmente pobre.” La gente que propone esta última interpretación afirma que Jesús estaba diciendo: “Bienaventurados los que reconocen su pobreza espiritual.”
Pero ahora, veamos el pasaje paralelo que se encuentra en Lucas 6:20 “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.” A diferencia de Mateo, el pasaje de Lucas es bastante claro: bienaventurados son los pobres. Aquí no hay lugar para malentendidos. Pero, ¿significa esto que Jesús nunca dijo “pobres en espíritu”? ¿Deberíamos ignorar sólo la versión de Mateo y aceptar solamente la de Lucas porque ésta es más clara? Si no es honesto hacer eso aquí, ¿sería honesto hacerlo con otros pasajes?
Además, ¿cómo puede este principio ayudarnos a entender el pasaje que hemos tratado de 1 Corintios 11? ¿Cuáles son las partes claras del pasaje y cuáles son las oscuras? Estoy seguro que no llegaríamos a ningún acuerdo. Y probablemente nunca desearíamos usar los versículos oscuros de la Escritura para interpretar los claros. Sin embargo, forzar los pasajes oscuros para encajarlos a los pasajes claros, tampoco nos conduciría a la verdad.

“Que lo mucho interprete lo poco”
Otro principio frecuentemente usado es dejar que los muchos versículos controlen lo poco. Y hay gran validez en este método. Pues donde haya contradicciones aparentes en la Escritura sobre un tema dado, casi no tendría sentido ignorar la mayoría de los versículos a favor de uno o dos. Aunque tampoco es correcto ignorar uno o dos versículos. Y sólo porque un relato o enseñanza en la Escritura no encuentre apoyo en otros pasajes, eso no lo haría inválido.
Para entenderlo mejor, miremos los relatos dados en los cuatro evangelios acerca del esclavo al cual le cortaron la oreja cuando arrestaron a Jesús. Mateo describe el relato de la siguiente manera. “Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo al siervo de un sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar…” (Mateo 26:51,52). El relato de Marcos es casi idéntico. 
Sin embargo, el relato de Juan difiere ligeramente: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces le dijo a Pedro: ‘Mete tu espada en la vaina…’” (Juan 18:10,11). Finalmente, Lucas nos da la siguiente descripción del mismo relato: “Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. Entonces respondiendo Jesús, dijo: ‘Basta ya; dejad.’ Y tocando su oreja, le sanó” (Lucas 22:50,51).
Los cuatro evangelios describen el mismo evento, y sus relatos generalmente están de acuerdo. Pero sólo Lucas, describe cómo Jesús restauró la oreja del siervo. Puesto que los otros tres relatos no hacen mención de esto, ¿deberíamos ignorar las palabras de Lucas acerca de la oreja sanada? Otra vez, sólo Juan identifica a Pedro como el hombre que sacó la espada. Y puesto que los otros tres no dicen esto, ¿ignoraremos también la declaración de Juan?
¿Entiendes lo que quiero decir? El principio “deja que lo mucho interprete lo poco,” muchas veces no es válido cuando se aplica a los pasajes históricos de las Escrituras. Por tanto, ¿es más válido cuando se aplica a los temas doctrinales? Veamos.
Sólo cuatro o cinco versículos en el Nuevo Testamento se refieren directamente a Jesús con el título “Dios.” Pero hay docenas de pasajes que hacen referencia a su humanidad. ¿Entonces aceptaremos sólo los pasajes que hablan de su humanidad? ¿E ignoraremos y rehusaremos creer en los pasajes que hablan de su Deidad? ¡Por supuesto que no! A menudo, los “pocos pasajes” en la Escritura contienen verdades importantes que no deben ser ignoradas forzándolas a encajar en los “muchos pasajes.”
Una vez más, ¿nos ayudaría este principio a entender el pasaje de 1 Corintios 11? Para nada. ¿Cuáles son los “pocos pasajes” y cuáles son los “muchos”?

“Ve a la raíz de las palabras”
Otro método bastante popular para intentar aclarar y armonizar la Escritura es el uso de la etimología. La etimología es la rama del lenguaje que estudia el origen de las palabras y su desarrollo. En la actualidad es muy popular entre los escritores y predicadores tratar los varios significados de las raíces de las palabras griegas usadas por los escritores del Nuevo Testamento. Esto hace de los sermones más interesantes e instructivos. Y parece bastante lógico. Pero ¿es la etimología en verdad una herramienta confiable para interpretar la Escritura? Veamos cuánto sentido tiene al interpretar documentos en inglés:
Joe Bob Richards tenía una amplia hacienda en el oeste de Texas. Él criaba ganado allí, lo cual le proveía un ingreso moderado. Sin embargo, lo que había debajo de la hacienda era mucho más valioso que lo que se encontraba encima de ella. Aproximadamente una milla debajo de la superficie, yacían depósitos valiosos de petróleo y gas natural. De hecho, los ingresos del petróleo y el gas le permitieron que se jubilara. Por tanto, él vendió su hacienda a un inmigrante italiano, Mario Rossini.
En la escritura que hizo a Mario Rossini, Joe Bob reservó todo “el petróleo, el gas y otros minerales,” [para que no los explotara] un tipo de reserva común en muchas escrituras en el estado de Texas. Mario se dio cuenta que el clima del oeste de Texas era bastante similar al de los países mediterráneos donde se cultiva la planta de olivo. En consecuencia, él plantó un vasto huerto de olivo y pronto comenzó a procesar y a embotellar “Aceite puro de olivo Rossini” en una fábrica y  depósito construidos sobre la antigua hacienda.
La empresa de Mario rápidamente tuvo éxito y pronto llegó a ser muy próspera. Sin embargo, cierto día vino a su casa un alguacil y le entregó una cita, notificándolo que había sido demandado por Joe Bob Richards por el valor de todo el aceite de olivo producido en la hacienda. El Sr. Richard estaba reclamando que la reserva de “petróleo (oil en inglés), gas y otros minerales” incluían al aceite de olivo (olive oil en inglés).
En la corte, el Sr Richards presentó a un profesor de inglés de la universidad de Texas, como un experto testigo. Cuando el profesor explicó con precisión al jurado que nuestra palabra “petróleo” (oil), proviene de la palabra latina óleum, y ésta a su vez se derivó de la palabra griega elaia, la cual significa “olivo”. Por consiguiente, argumentó, “la reserva de ‘petróleo (oil), gas natural y otros minerales’ claramente incluían al aceite de olivo (olive oil).” ¿Cómo crees que el jurado reaccionó?
Bueno, ellos se rieron de Joe Bob Richards y de su profesor de inglés, y cerraron el caso. Cuando los pobladores de Texas hablan de “oil y gas”, ellos se están refiriendo al petróleo, no al aceite de olivo. El origen de la raíz de la palabra “oil” no tiene importancia. Y es así para cualquier otra palabra. Si tú quisieras saber lo que los escritores de la Constitución realmente quieren decir, ¿contratarías a un profesor de lingüística que explicara los significados de las raíces y las derivaciones de todas las palabras claves de la Constitución? ¡Seguro que no!
Es simplemente un asunto de lógica. En el idioma español, inmediatamente podemos notar cuán ridículo es interpretar un documento valiéndonos de la etimología. Y lo que es ridículo en español, no se convierte repentinamente en algo lógico, cuando lo cambiamos al griego. Cuando tú y yo escribimos una carta a alguien, ¿sabemos los significados de las raíces de las palabras que utilizamos? ¿Esperamos que los receptores de nuestras cartas se fijen en los significados de las raíces de nuestras palabras cuando lean nuestras cartas? ¡Por supuesto que no! Entonces, ¿por qué creemos que era diferente con Pablo y sus lectores?
Enfrentémoslo, la mayoría de las personas no sabe de los orígenes de las raíces de las palabras que usan. Yo tampoco. ¿Sabías que nuestra palabra “gas” proviene de la palabra griega “caos”? Yo no sabía. También me sorprendió saber que la raíz de la palabra “empleado” significa “doblar”. Y que la raíz de “moneda” es “cuña.” Y podría continuar. Generalmente hablando, el significado de una palabra se determina según el entendimiento de la población general. Como resultado, los significados pueden cambiar a través del tiempo. En conclusión, la raíz de la cual se deriva una palabra generalmente no tiene importancia.
Al interpretar 1 Corintios 11, nuestra búsqueda debería enfocarse en determinar el significado de las palabras de Pablo en su época, mas no en los siglos anteriores cuando se originaron tales palabras. Pablo no estaba escribiendo a los eruditos en la gramática griega, expertos en la etimología. Sus lectores probablemente ni siquiera sabían los orígenes de las palabras que Pablo usaba.
En resumen, los tres principios tratados aquí tienen cierta validez. Pero ninguno de ellos ha sido capaz de llevar a los cristianos a un acuerdo sobre el significado de la Escritura. Y ninguno de ellos es de mucha ayuda para interpretar nuestro pasaje de 1 Corintios 11. Por tanto, veamos ahora un método que es capaz de interpretar dicho pasaje para nosotros.



7. ¿Qué harías en la vida real?

Supongamos por un momento que no estamos hablando sobre cómo entender la Biblia, sino la carta que recibiste de un amigo. ¿Cómo resolverías las ambigüedades que hubiera en su carta? Yo sé lo que haría. Yo le preguntaría qué quiere decir. ¿No harías tú lo mismo?
Ahora, la Biblia es un libro real escrito para personas reales que viven en un mundo real. Pablo era un hombre real y los corintios eran personas reales. ¿Qué crees que habrían hecho los corintios si algunas cosas en la carta de Pablo no hubieran sido claras para ellos? ¿Qué habríamos hecho tú y yo? Le habríamos preguntado a Pablo qué era lo que quiso decir, ¿verdad?
En el transcurso de mi trabajo de títulos de propiedad frecuentemente leo escrituras y otros documentos ambiguos o contradictorios. ¿Qué crees tú que hago para interpretar dichos documentos? Bueno, si los litigantes del documento aún viven, usualmente pido a mi cliente contactarme con los que iniciaron la escritura y les pregunto lo que quieren decir. Es sencillamente lógico. Una persona no necesita graduarse en leyes para saber qué hacer en este caso. Es lo que tú harías en la misma circunstancia.
Por consiguiente, si los corintios no entendieron lo que Pablo quiso decir, ellos pidieron a Pablo que les explicara. Pero más que probable, ellos entendieron exactamente lo que Pablo estaba hablando. ¿Por qué? Porque Pablo estaba comunicándose con ellos, no con nosotros.
Para que exista comunicación entre dos personas, debe haber lo que los abogados llaman “un encuentro de mentes.” Es decir, la mente del que habla debe estar unida a la mente del que escucha. Usando la etimología moderna, deben estar en la misma longitud de onda y sincronizados.
 Cuando Pablo escribió a los corintios, había un encuentro de mentes. Sin embargo, las mentes que se encontraron no eran las nuestras y la de Pablo. Quizá Pablo no tenía idea de que tú y yo leyéramos su carta mil novecientos años después. No, las mentes que se encontraron eran las de los corintios y la de Pablo. Pablo estaba comunicándose con un propósito con los corintios, no con nosotros.

La Biblia no fue escrita en un “vacío”
La carta de Pablo a los corintios no fue escrita en un vacío. Una considerable cantidad de información de antecedentes rodeaba la carta. Primero, Pablo había vivido en Corinto un año y medio, fundando y pastoreando la congregación allí (Hechos 18:1,11). En 1 Corintios 11:2, Pablo asevera: “Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.”
 En consecuencia, los corintios habían recibido numerosas tradiciones orales directamente de Pablo. Por lo visto, su enseñanza sobre el velo fue una de aquellas tradiciones. Pablo no tuvo que explicar todo a los corintios, como lo haría si él hubiese escrito la carta a nosotros. Los corintios ya sabían de lo que Pablo estaba hablando. Los corintios no sólo habían oído enseñar a Pablo por dieciocho meses, sino que le habían visto vivir su cristianismo. Por eso Pablo pudo decirles: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Cuando Pablo dijo: “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.” (v. 3 la cursiva es mía), los corintios sabían lo que Pablo quiso decir, porque ellos le habían visto orar. Sabían si Pablo estaba hablando de un cabello largo o de un velo, pues ellos lo habían visto.
Mientras Pablo se encontraba en Corinto, vivió con los fieles discípulos Aquila y Priscila. Creo que podemos asumir con seguridad que Aquila y Priscila siguieron en obediencia la enseñanza de Pablo en cuanto al velo. Por tanto, otra vez, los corintios eran testigos oculares de la práctica aprobada por Pablo sobre dicho asunto en ambos casos: en la mujer (Priscila) y en el hombre (Pablo y Aquila).
Ellos fueron testigos oculares de muchas cosas. Vieron a Pablo bautizar a muchas personas y otros bautismos realizados con su aprobación. Por tanto, sabían sin duda alguna cómo bautizaba Pablo a la gente. Personalmente habían participado de la comunión con él y comido las fiestas de amor (ágapes) con él. Por consiguiente, sabían con qué frecuencia y de qué modo se practicaban aquellas ordenanzas.
Además de estas cosas, después que Pablo hubo salido de Corinto, él les había escrito una carta que precedía a la que nosotros llamamos “1 Corintios” (1 Cor. 5:9-11).  Entonces, en este sentido, lo que llamamos “1 Corintios” es en verdad “2 Corintios”. Los corintios habían leído una carta previa de Pablo a la cual no tenemos acceso. Algunos asuntos tocados en nuestra 1 Corintios son una continuación de las cosas que previamente ya les había escrito. 
Además, los corintios ya le habían escrito una carta a Pablo (1 Cor. 7:1). Por tanto, parte de su carta a ellos es una respuesta a la carta previa de ellos. Finalmente, Pablo había recibido algunos informes de lo que sucedía en la congregación de Corinto (1 Cor. 1:11; 11:18). Por tanto, 1 Corintios no fue escrita en un vacío. Había mucha interacción entre Pablo y los corintios. Hubo un encuentro de mentes.
Si eso no fuera suficiente, Pablo dijo a los corintios que él estaría de regreso allí para detallar su carta: “Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere” (1 Cor. 11:34). ¿Y regresó allí? Aparentemente sí, pues parece que escribió su carta a los romanos desde Corinto.  Por tanto, incluso si algo en la carta de Pablo no hubiese sido claro a los corintios, ellos habrían sido capaces de pedir a Pablo que les aclarase aquellas cosas.
Entonces, podemos decir con seguridad que los corintios entendieron exactamente lo que Pablo estaba diciendo en su carta. Después de todo, si ellos no lo entendieron, entonces ¿qué esperanza hay para nosotros?

Pero, ¿qué de nosotros?
“Todo eso puede ser bueno,” podrías estar pensando, “pero, ¿cómo nos ayuda eso a nosotros? Nosotros no hemos oído enseñar a Pablo. Ni siquiera hemos visto a Pablo en vida. No hemos tenido ninguna correspondencia con Pablo, y no somos capaces de pedirle que nos aclare su carta.”
Todo ello es cierto. Preguntar a Pablo sería el mejor método. Pero ya que no podemos hacer eso, necesitamos mirar el segundo mejor método. ¿Cuál podría ser? Consultar con los corintios originales que recibieron la carta de Pablo. Como hemos visto, ellos entendieron sin duda casi todo lo que Pablo estaba diciendo. Desafortunadamente, no podemos preguntar a los corintios más de lo que podemos preguntar a Pablo. No, pero ahora nos aceramos aún más. Lo que nosotros podemos hacer es mirar lo que los abogados llamamos “el curso de acción.” Déjame ilustrarte.

El curso de acción 
Ezra Mast, un diestro artesano amish, fabricaba a mano sillas hermosas. Aunque su taller se ubicaba en Ohio, su fama traspasó las fronteras por su trabajo de alta calidad. Santiago Butler, quien era dueño de una tienda de muebles de alta calidad en Topeka, Kansas, vio una de las sillas de Ezra. Impresionado por el trabajo, se contactó con Ezra y pronto ambos hicieron un contrato. Los términos básicos del contrato consistía en que Ezra entregaría diez sillas cada mes a la tienda de muebles de Butler, y que el Sr. Butler compraría las sillas a un precio fijo que se ajustara periódicamente por la inflación.
Durante veinte años, ambos permanecieron en esta relación de negocio. Y el mismo contrato les sirvió todo aquel tiempo. Cuando Ezra Mast murió, su familia vendió su taller y negocio a Bob Thompson. Por el mismo tiempo, Santiago Butler se jubiló y vendió su tienda de muebles a Tom Cook, y se mudó al extranjero. Los nuevos propietarios llegaron a ser sucesores del contrato original Mast-Butler.
Era la quincena del mes y Tom Cook aún no había recibido sus sillas. Algo impaciente, llamó a Bob Thompson y le preguntó: “¿Dónde están las sillas de este mes?”
“Bueno, las sillas están aquí,” respondió Bob. “Yo me estaba preguntando por qué demorabas mucho para venir y recogerlas.”
“¿Recogerlas? Yo creí que tú las traerías aquí.”
“No. Yo creí que tú vendrías a recogerlas.”
¿Cuál fue el problema? Fue que el contrato no hacía mención para nada sobre el tema de la entrega.
¿Cómo crees que ambos resolvieron este punto muerto? ¿Qué sería lo más lógico hacer? Por lógica, sería “preguntar al Sr. Butler y al Sr. Mast cómo hicieron ellos,” podrías responder. Pero el Sr. Mast está muerto y el Sr. Butler se encuentra en el extranjero. “Entonces sería cuestión de preguntar a sus familiares y empleados.” ¡Exacto! Y si no es posible preguntar a los familiares y empleados, tenemos que mirar otra evidencia, tales como los cuadernos de apuntes y el testimonio de la gente en la comunidad.
En Leyes nos referimos a esto como “el curso de acción.” El mismo principio se aplica a la Escritura, este es nuestro quinto principio de interpretación.


En Leyes, si una porción de un contrato es ambigua, entonces miramos cómo interpretaron ese contrato los mismos litigantes. Pues ellos saben mejor lo que querían decir. Y sus acciones mientras duraba el contrato son la mejor evidencia del significado que dieron al contrato. 
De manera similar, cuando leemos la Escritura, si no podemos preguntar a Pablo o a los corintios sobre 1 Corintios, podemos ver su curso de acción. Nosotros podemos averiguar cómo entendieron los corintios la carta de Pablo, mirando su acción y prácticas.
Pero, ¿dónde conseguimos la evidencia de su curso de acción?


8. Fuentes buenas, fuentes malas

Para averiguar cuáles eran las prácticas o “el curso de acción” de las iglesias del Nuevo Testamento, tu primera inclinación podría ser tomar tu comentario confiable o enciclopedia bíblica. Pero es el lugar incorrecto. Yo aprendí, no de un seminario, sino del colegio de leyes y de las prácticas de leyes.
Podría sonar extraño, pero el colegio de leyes y las prácticas de leyes imprimieron en mí indeleblemente la necesidad de ir siempre a las fuentes primarias cuando buscamos la verdad sobre cualquier tema. Las “fuentes primarias” son las fuentes originales de las cuales se derivan otros materiales. Ir a las fuentes primarias es ir directamente a la boca del caballo.
Para explicarte mejor, las fuentes primarias de las enseñanzas de Juan Wesley son los escritos y sermones originales de Juan Wesley. Si deseas estar absolutamente seguro de lo que enseñó Juan Wesley, tendrás que ir a sus escritos y sermones originales. Ahora, si alguien leyera aquellos escritos y sermones, y luego escribiera un libro acerca de ellos, su libro sería una fuente secundaria. Una “fuente secundaria” se deriva de una o más fuentes primarias.
En un primer vistazo, usar fuentes secundarias podría parecer que es el mejor método. ¿Por qué ir a través de la dificultad de leer todos los escritos y sermones de Juan Wesley, cuando alguien ya realizó todo el trabajo para ti? Así razonaba yo antes de estudiar en el colegio de leyes.

El problema con las fuentes secundarias
A todos los que se inician en el estudio de leyes se nos exige tomar un curso sobre la investigación legal. Un joven profesor llamado Juan Newton dictaba las clases. Él era un gran intelectual, cuyas ideas trazaban el camino para nosotros. Como parte de este curso, el profesor Newton nos llevó a la biblioteca de leyes de la universidad y nos ayudó a relacionarnos con las fuentes disponibles para los abogados. Él nos mostró las fuentes primarias: enciclopedias legales, documentos y tratados. Él enfatizaba que nunca debíamos confiar en fuentes secundarias. 
“Nunca te detengas hasta que hayas ido a las fuentes primarias,” nos decía. Explicaba que las fuentes secundarias son un camino principalmente para buscar las decisiones y estatutos de la corte. Por ejemplo, si un abogado quiere saber cuál es la ley concerniente a los animales, él comenzará a buscar en la enciclopedia legal el tema “Animales.” El artículo que encuentre allí, le explicará la ley acerca de los animales y citará los estatutos relacionados y las decisiones de la corte. Sin embargo, el abogado no debe detenerse allí. Más bien deberá ir y leer todas las citas de los estatutos originales y de las decisiones de la corte. Finalmente, el abogado hallará y leerá todos los otros casos de la corte que alguna vez hayan citado de aquellos estatutos y decisiones.
Bueno, como nuevo estudiante de leyes, me pareció que dicho prolongado procedimiento era mucha labor. Después de todo, los artículos escritos en las enciclopedias legales fueron escritos por abogados y profesores de leyes. “Con seguridad, ellos sabían cuál era la ley,” pensaba en mí mismo, “¿por qué recorrer el mismo círculo? ¿Por qué duplicar la investigación que alguien ya la realizó?”
Fue mucho tiempo después de haberme graduado de la universidad, que el consejo del profesor llegó con claridad a mí. Había surgido una discusión sobre el bien de un propietario y yo no sabía cuál era la ley para ese caso particular. Era una atardecer de un viernes: comencé a hojear una de las enciclopedias legales para averiguar cuál era la ley. Para mi consternación, la información en la enciclopedia indicaba que la ley estaba directamente contra mi cliente. Si hubiésemos ido a la corte, habríamos perdido.
Pensé llamar a mi cliente para contarle las malas noticias, pero ya que era tarde, decidí esperar hasta la próxima semana. Durante el fin de la semana, pensé en las palabras del profesor Newton y decidí leer las citas de las decisiones de la corte. Por tanto, el lunes volví y decidí leer los casos originales de la corte de los cuales había citado la enciclopedia. Para mi mayor alegría, encontré que la ley era exactamente lo opuesto de lo que decía la enciclopedia legal. La ley estaba firmemente de mi lado.
Me encontraba bastante desconcertado por la gravedad del error del abogado que escribió el artículo en la enciclopedia. La decisión principal de la corte no era dificultosa para entender.
He aprendido de otros abogados que mi experiencia no era única de ningún modo. La enciclopedia está llena de errores. Por esa razón, ningún juez consideraría un expediente legal del cual un abogado citase un artículo de una enciclopedia legal u otra fuente secundaria como su única fuente de autoridad.
Puedo asegurarte que los errores en las enciclopedias legales no están allí porque los abogados que escribieron los artículos tenían prejuicios o deliberadamente tenían el propósito de engañar a sus lectores. A los abogados que escriben artículos no les importa cuál es la ley sobre un tema específico. Su única meta es informar precisa y objetivamente la ley como tal. No obstante, cometen errores porque aún son seres humanos.

De lo malo a lo peor
Ahora, si las fuentes secundarias legales no pueden ser confiables, ¡cuánto menos las fuentes secundarias religiosas! No sólo por el mismo margen de error accidental que está presente, sino también por la presencia de puntos de vistas teológicos preconcebidos. Una persona no consigue una posición en la cual se le pide escribir artículos para enciclopedias o comentarios bíblicos sin haber pasado primero por una gran cantidad de seminarios de adoctrinamiento. El escritor cristiano de libros de referencia no es una persona de mente en blanco, ni un buscador independiente de la verdad de Dios. Al contrario, él tiene un tipo de ortodoxia intelectual o teológica al cual tiene que adherirse, si espera que su obra sea aceptada.
Incluso si el escritor fuera históricamente objetivo y espiritualmente honesto, él aún tendría un editor y una publicadora sobre él. Los editores y las publicadoras tienen convicciones muy definidas y políticas de publicación. Ellos jamás publicarán algo que contradiga sus posiciones firmes.
El problema es más complicado por el hecho de que la mayoría de los comentarios, Biblias de estudio, diccionarios bíblicos, libros de historia de la iglesia y otros libros cristianos de referencia no son, estrictamente hablando, fuentes secundarias. Recuerda, nuestra definición de una fuente secundaria es una que se deriva de una o más fuentes primarias.
La mayoría de libros que pretenden dar información histórica acerca de la iglesia del primer y segundo siglos están basados, no en fuentes primarias, sino en libros de alguien más. Yo me refiero a ellos como libros de fuentes terciarias. En otras palabras, el escritor no tiene conocimiento personal de lo que está tratando. Él simplemente está confiando en la investigación de otros. Y a eso se suman sus prejuicios y errores.
Las fuentes terciarias son lo equivalente a lo que nos referimos en el mundo legal como testimonio de oídos. Básicamente hablando, es una evidencia que no proviene del conocimiento personal de una persona. Por ejemplo, alguien puede decirme que su vecino se embriaga todas las noches. Ahora, si yo nunca he visto a su vecino embriagado, mi información es un testimonio de oídos. Normalmente no sería aceptado en una corte de justicia. Cuando confiamos en fuentes terciarias, esencialmente estamos confiando en un testimonio de oídos. Y esto nunca es una buena base para descubrir la verdad.
En realidad, la mayoría de los libros cristianos, comentarios y obras de referencia, no son calificados en mi opinión como fuentes terciarias. Esto es porque ellos no se basan en fuentes secundarias. Me refiero a ellos como fuentes “cuaternarias” (de cuarto). En otras palabras, el autor mismo nunca ha leído de las fuentes primarias, ni incluso fuentes secundarias. En lugar de ello, él sólo ha leído lo que otras personas han dicho, las cuales nunca han leído ninguna de las fuentes originales. A pesar de que el autor está muy lejos de usar las fuentes originales de autoridad, escribe como si supiera acerca de lo que está hablando. Y las personas aceptan sus palabras sin cuestionar, particularmente si tiene el título de Dr. o Lic. antes de su apellido.
El triste resultado es que las mismas suposiciones de algunos profesores de seminario se repiten en docenas de libros por varios autores que no cuestionaron la fidelidad de tales suposiciones. Y muy pronto, lo que no es más que especulación fantasiosa o invención prejuiciosa adquiere la apariencia de verdad, porque mucha gente la está diciendo.
He mencionado que uno de los entendimientos populares en la actualidad de 1 Corintios 11 es que esto se debía simplemente a un problema cultural del primer siglo: Pablo dio su instrucción acerca del velo, porque las prostitutas no cubrían sus cabezas; y si las cristianas no se cubrían con un velo, serían confundidas con las prostitutas. He oído esta explicación docenas de veces. Sin embargo, no se basa en ninguna evidencia histórica de los escritos de la iglesia primitiva. Es puramente la suposición de alguien. No obstante, ésta es más creída que la luz real que arrojan las fuentes primarias sobre dicho asunto.

Me parece que hemos hablado suficiente sobre las fuentes no confiables. Ahora veamos dónde podemos ir para averiguar cuál era el curso de acción de la congregación corintia y de las demás iglesias del Nuevo Testamento.



9. La boca del caballo

Sin duda, como hemos dicho, la congregación de Corinto del primer siglo entendió correctamente lo que Pablo les enseñó acerca del velo. Sin embargo, no estamos en la posición para pedir explicaciones de la carta de Pablo a aquellos cristianos corintios. Pero la próxima generación de cristianos corintios sí estaba. De hecho, ellos no tenían que preguntar, pues ellos eran testigos oculares del curso de acción de la primera congregación corintia. Ellos vieron cuál fue el entendimiento de la primera congregación corintia de la carta de Pablo. 
Y ellos nos han dejado un registro histórico de su “curso de acción.” Este registro histórico se extiende al menos desde el 96 d.C., posiblemente aún más temprano desde el 60 ó 70 d.C. Los escritos de cristianos que vivieron antes del 200 d.C son abundantes. Son cinco veces más abundantes que los del Nuevo Testamento.
Tales escritos de ningún modo aclaran todos los versículos del Nuevo Testamento. Pero sí revelan claramente lo que la iglesia primitiva creía sobre las principales doctrinas: salvación, el libre albedrío, los premios y castigos después de la muerte, el bautismo, la redención, la trinidad, la encarnación, y la santa cena. Estos escritos también revelan las prácticas o el “curso de acción” de la iglesia primitiva en cuanto al bautismo, la santa cena, el velo, el ágape, los cultos y otras prácticas similares. Ellos describen claramente el estilo de vida de los cristianos de aquella época y revelan su entendimiento de cada mandamiento y enseñanza moral encontrados en el Nuevo Testamento.
 Los escritos del primer y segundo siglos son enriquecidos por una basta colección de escritos (más de diez veces el tamaño del Nuevo Testamento) del periodo entre los 200 y 300 d.C.
Pero por favor no te refieras a estos escritos como los “padres de la iglesia.” Tales hombres no fueron padres, fueron discípulos. Algunos de ellos tales como Policarpo, Ignacio y Clemente de Roma, fueron discípulos personales de los apóstoles. Otros fueron sólo una o dos generaciones después de los apóstoles. 
Estos hombres no fueron teólogos innovadores. Al contrario, algunos de ellos defendieron el cristianismo frente a los críticos paganos y judíos o frente a los herejes. En sus escritos repetidamente declararon que las cosas que estaban escribiendo eran lo que la iglesia en general creía. Por ejemplo, Justino Mártir que escribió varias obras apologéticas, casi siempre usaba el término “nosotros” al describir a los romanos y judíos lo que creían y practicaban los cristianos. Incluso dijo al Emperador romano y al Senado: “Y siéntanse libres como gobernadores poderosos a informarse lo que a nosotros se nos ha enseñado y si verdaderamente seguimos enseñando las mismas cosas.” 
Otro ejemplo es la obra apologética “Epístola a Diogneto,” que data del 125 d.C. Su propósito era exponer las creencias y prácticas cristianas al oficial pagano Diogneto. Pues este oficial estaba “deseoso excesivamente de aprender el modo de adoración a Dios prevalente entre los cristianos, e inquirir cuidadosa y honestamente concerniente a ellos, en qué Dios confiaban ellos y qué forma de religión observaban.” 
Estos primeros escritores cristianos repetidamente testificaban que las cosas que ellos escribían, habían sido entregadas a la iglesia por los apóstoles. Por ejemplo, Clemente de Alejandría  escribió: 
Ahora, esta obra mía no ha sido artificiosamente construida para exhibirse; antes bien, mis recuerdos son acumulados contra la época antigua, como un remedio contra el olvido, una imagen y silueta de aquellos discursos vigorosos y vivos de quienes tuve el privilegio de oír, hombres verdaderamente notables y benditos… Ellos preservaron bien la tradición de la bendita doctrina derivada directamente de los santos apóstoles: Pedro, Santiago, Juan y Pablo, los hijos recibiéndolo de los padres (pero pocos fueron como los padres), vino a nosotros también por la voluntad de Dios a depositarse aquellas semillas apostólicas y ancestrales. 
En su obra contra los gnósticos, escrita aproximadamente en el 185 d.C., Ireneo, obispo de la iglesia en Lyon, Francia, escribió:
Ahora, la iglesia, aunque esparcida por todo el mundo civilizado hasta lo último de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos su fe en Dios… Como antes hemos dicho, la iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la preservó como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón; y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Los idiomas del mundo son diferentes, pero el significado de la tradición apostólica es una y la misma. 
Las iglesias de Germania no creen de manera distinta ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o las de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo… Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los que presiden en la iglesia predica cosas diferentes de éstas, porque ningún discípulo está sobre su maestro, ni el más débil en la palabra recorta la tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye. 
“Pero, ¿no vivió Ireneo varias generaciones después de los apóstoles?,” podrías preguntar. “¿Cómo podría él estar seguro de que la fe le había sido entregada fielmente?” La respuesta es que Ireneo fue sólo un eslabón humano removido después del periodo de los apóstoles. Él era un discípulo de Policarpo, el cual era un discípulo personal del apóstol Juan. Ireneo escribió: “Policarpo no sólo fue instruido por los apóstoles y trató con muchos de aquellos que vieron a nuestro Señor, sino también por los apóstoles en Asia fue constituido obispo de la iglesia en Esmirna; a él lo vimos en nuestros primeros años, mucho tiempo vivió, y ya muy viejo, sufriendo el martirio de modo muy noble y glorioso, salió de esta vida. Enseñó siempre lo que había aprendido de los apóstoles, lo mismo que transmite la iglesia, las únicas cosas verdaderas.” 
Todas las obras de las que estoy hablando fueron escritas por hombres considerados ortodoxos por la iglesia primitiva en todo el mundo. Estos escritores no eran herejes o libres pensadores escribiendo sus propios pensamientos. La mayoría de los escritores de los dos primeros siglos fueron líderes u obispos de la iglesia. Sus escritos no sólo reflejan la fe de la iglesia y de las Escrituras, sino también que tales escritores vivieron su fe. Todos ellos arriesgaron sus vidas por escribir defendiendo a la iglesia, y un número de ellos murió por su fe. 
Los apóstoles pasaron la mayor parte del primer siglo estableciendo iglesias y enseñando doctrinas y prácticas correctas. Firmemente creo que “la fe ha sido dada una vez a los santos” (Judas 3). Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:18). Siendo ese el caso, la fe estaba completa cuando los apóstoles la entregaron a la próxima generación. La iglesia no iba a progresar a un entendimiento cada vez más claro del cristianismo verdadero a medida que pasaban los siglos. Más bien, a no ser que perseveraran en lo que habían recibido, sólo una cosa iba a suceder: iban a alejarse más y más del cristianismo bíblico.
Además, a diferencia de los cristianos de siglos posteriores, la generación que recibió la fe directamente de los apóstoles, no pretendió tener una nueva luz o una revelación más allá de la Escritura.  Ellos creían que toda la verdad necesaria ya había sido revelada por los apóstoles. Ellos estaban comprometidos a entregar fielmente a la próxima generación lo que ellos habían recibido. 
Y nosotros tenemos un registro histórico firme de lo que aquella generación de cristianos creyó y practicó. Veamos la luz que arrojan ellos sobre el significado del pasaje 1 Corintios 11. 


10. La respuesta

¿Estaba Pablo hablando sobre el velo o sobre el cabello largo? ¿O no había costumbre para ninguno de las dos cosas? La evidencia histórica es sorprendentemente clara. 
El registro revela que todas las iglesias primitivas entendieron que Pablo estaba hablando de un velo de tela, no del cabello largo. Lo único que no estaba claro para algunos era si las instrucciones de Pablo se aplicaban a todas las mujeres o sólo a las mujeres casadas. La razón es que la palabra griega gyne, usada por Pablo, puede significar “una mujer” o también “una mujer casada”. 
Alrededor del año 200, en Cartago, norte de África, Tertuliano  escribió un tratado titulado, “El velo de las vírgenes,” en el cual argumentó que Pablo estaba usando la palabra gyne en el sentido de “mujer”. En su argumento, Tertuliano describió las prácticas en la iglesia, incluyendo la práctica en la iglesia de Corinto. Su tratado nos da una rica información: 

También amonesto al segundo grupo de mujeres casadas, que no dejen esta disciplina del velo, ni por un momento, ni siquiera por una hora; puesto que tú no puedes evitar llevar un velo, no debes hallar un camino para invalidar esta práctica. Es decir, andar ni cubierta ni descubierta. Pues algunas mujeres no cubren sus cabezas, más bien las envuelven con turbantes y bandas de lana. Es verdad que sus frentes están protegidas, pero no cubren la región que ocupa sus cabezas. 
Otros cubren sólo el área del cerebro con pequeños pañuelos de lino que ni llegan a las orejas… La región que se debe cubrir con el velo, ocupa el mismo espacio cuando el cabello se halla suelto. De este modo, el cuello también es cubierto. 
Las mujeres de Arabia las juzgarán, porque no sólo se cubren la cabeza, sino la cara también… Pero, ¿cuán severo será el castigo que  merecerán quienes permanecen descubiertas incluso cuando recitan los salmos y en cualquier mención del nombre de Dios? Porque incluso cuando ellas se hallan a punto de orar, ellas colocan un pequeño pedazo de tela sobre la coronilla de sus cabezas. ¡Y piensan que así están cubiertas!  
En el inicio de su tratado, Tertuliano testificó que las iglesias fundadas por los apóstoles insisten que tanto las mujeres casadas como las vírgenes deben llevar el velo:
En toda Grecia y en algunas de sus provincias bárbaras, la mayoría de las iglesias guardan a sus vírgenes cubiertas. De hecho, esta práctica la siguen en algunos lugares debajo del cielo africano. Por tanto, que nadie atribuya dicha costumbre simplemente a las costumbres gentiles de griegos y bárbaros.
Además, yo les muestro como modelos a aquellas iglesias que fueron fundadas por los apóstoles o por los varones apostólicos… Este asunto han entendido bien los mismos corintios. Porque hasta este mismo día las vírgenes se cubren con un velo. Los discípulos confirman lo que los apóstoles enseñaron. 
Clemente de Alejandría, un escritor líder de Egipto, alrededor del 190 d.C. aconsejó: 
Que las mujeres entiendan esto. Que deben cubrirse por completo, a menos que estén en su casa. Porque esta forma de vestir es sobria y las protege de ser miradas... La mujer cristiana nunca caerá si pone delante de sus ojos la modestia y el velo. Tampoco será causa de tropiezo para el hombre por descubrirse el rostro. Por tanto, es la voluntad de Cristo que deba orar con el velo. 
Hipólito, un líder de la iglesia de Roma, alrededor del año 200 d.C., compiló un registro de numerosas costumbres y prácticas en esa iglesia desde las generaciones que le precedieron. Su Tradición apostólica contiene la siguiente declaración:
Que todas las mujeres tengan la cabeza cubierta con una tela opaca, que no sea un velo transparente, porque eso no cubre en verdad. 
Esta evidencia escrita del curso de acción de los primeros cristianos es corroborada por el registro arqueológico. Las pinturas que datan de los siglos segundo y tercero de las catacumbas y otros lugares, representan a las mujeres cristianas orando con un velo sobre sus cabezas. 
Por tanto, el registro histórico es totalmente claro. Revela que las primeras generaciones de creyentes entendieron que lo que cubre es el velo, no el cabello largo. Como Tertuliano indicó, incluso las mujeres que no deseaban seguir la enseñanza de Pablo, no afirmaban que Pablo se estaba refiriendo al cabello largo. Al contrario, simplemente llevaban una pequeña cubierta en mínima obediencia a su enseñanza. Nadie en la iglesia afirmaba que las instrucciones de Pablo eran simplemente un consenso con la cultura griega. Nadie afirmaba que tuviera algo que ver con las sacerdotisas paganas o las prostitutas.
De vuelta a la Escritura
Ahora, volvamos a la Escritura y veamos si el entendimiento histórico se basa en una interpretación razonable de la Escritura. El entendimiento de los primeros cristianos del pasaje en estudio, le da al versículo 4 un sentido literal (un hombre no debe llevar nada sobre su cabeza cuando ora o profetiza) y al versículo 5 (una mujer debe cubrirse con un velo cuando ora o profetiza). Sin embargo, esto no contradice a los versículos 14 y 15 que la naturaleza nos enseña el mismo principio que los varones no deben cubrirse, pero las mujeres sí; puesto que el hombre naturalmente lleva el cabello corto y la mujer lo lleva largo.
Lo más importante es que el registro histórico se adecúa muy bien a la regla lógica final de interpretación que usamos los abogados. El Instituto de leyes de América ha expresado el siguiente principio: “Debe preferirse una interpretación que da un significado razonable, válido y efectivo a todas las palabras que a cualquier interpretación que deja una parte irrazonable, inválida o sin efecto.” 
Aplicando dicho principio a la interpretación de las Escrituras, podemos declararlo de la siguiente manera:

Este principio es sencillamente la lógica reducido en palabras. Cuando tú o yo escribimos una carta o un ensayo, normalmente tratamos que todo lo que escribimos tenga sentido, ¿cierto? No tenemos el propósito de escribir cosas que sean totalmente ignoradas. Ni que parte de lo que escribimos sea entendida de tal modo que anule las demás cosas.
La interpretación histórica de 1 Corintios 11 armoniza completamente con este principio lógico. Da un significado completo a todo lo que Pablo dijo. A diferencia de esto, nuestras interpretaciones modernas no lo hacen. Toma por ejemplo la interpretación de que Pablo estaba diciendo que los hombres deberían llevar cabello corto y las mujeres cabello largo. ¿Cómo afecta esto al versículo 4 y 6? Pablo dice en el versículo 4: “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.” Según esta interpretación, por “cabeza cubierta,” Pablo se está refiriendo al cabello, ¿verdad? Por tanto, ¿deberían los hombres raparse todo el cabello?
En el versículo 6,  Pablo dice: “Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.” Según la interpretación moderna, Pablo estaría diciendo: “Si una mujer no tiene cabello largo, que se corte también el cabello.” ¿Cuán razonable es eso? Si el cabello de una mujer es corto, es porque ya está cortado.
Si Pablo está hablando del cabello largo, ¿por qué se enfocaría en “orar y profetizar”? ¿Puede el cabello de un hombre ser largo mientras está haciendo otras cosas y repentinamente volverse corto mientras ora o profetiza?
 En resumen, esta interpretación moderna reduce la mayor parte de nuestro pasaje en un absurdo. Si Pablo se estaba refiriendo al cabello largo, ¿por qué no lo dijo sencillamente así? ¿Por qué habría ido a través de prolongadas palabras referentes al velo o a cubrirse? Él pudo haber dicho con toda simpleza: “Los varones deben llevar cabello corto y las mujeres cabello largo.” Cualquier interpretación que convierte un pasaje en un absurdo, es una interpretación absurda.
 ¿O qué de la interpretación que afirma que la única razón que este pasaje fue escrito fue para que las mujeres cristianas de Corinto no fueran confundidas con las prostitutas o sacerdotisas paganas? Si eso es todo lo que este pasaje quiere decir, entonces, ¿por qué parte de él es dirigido a los hombres? Además, esta interpretación contradice lo que Pablo dijo en el versículo 10: “Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.” Si dicha interpretación moderna fuera correcta; entonces Pablo, o está en un error aquí o está mintiendo. En otras palabras, o Pablo no sabía por qué estaba dando tales instrucciones (pensando equivocadamente que ellas tenían que ver algo con los ángeles), o a propósito dio una falsa razón. En conclusión, esta interpretación no pasó la prueba de la lógica, porque invalida la mayor parte de las palabras de Pablo.
La otra interpretación moderna es aún peor. Ésta es la que afirma que el versículo 16 está diciendo que no había tal costumbre de llevar un velo: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.” ¿Estaba diciendo Pablo que “no tenemos tal costumbre de llevar velos” o que “no tenemos otra costumbre que llevar velos”? Si señalamos que Pablo estaba diciendo que no había tal costumbre de llevar velos, entonces ¿por qué tuvo la molestia de escribir todo este pasaje? En efecto, vemos a Pablo dando todos estos consejos relacionándolo a la orden de la creación y a los ángeles y luego dice: “Si a ti no te gustan estas instrucciones, no las sigas; porque nadie las está siguiendo tampoco.”
La eficacia de las interpretaciones históricas
A diferencia de esto, el entendimiento histórico nos ofrece una interpretación razonable y literal del pasaje arriba mencionado. Cada una de las otras interpretaciones termina anulando todo o parte de él. Algunas interpretaciones añaden muchas suposiciones que ni siquiera se hallan en el pasaje.
He hallado que este mismo principio es verdad para todo el entendimiento bíblico de los primeros cristianos. Ellos no añaden algo a la Escritura; más bien quitan las tradiciones humanas que nosotros hemos añadido. Casi siempre nos dejan con el significado desnudo y literal de la Escritura. Ellos nos traen de vuelta al significado con el cual habríamos empezado, si no hubiésemos sido cegados por nuestros prejuicios.
Como dije anteriormente, éste no es un libro referente al velo. Hemos estado viendo el pasaje de 1 Corintios 11 sólo para ilustrar el método lógico para la interpretación de la Escritura. Por tanto, repasemos dichos principios.


Es tan fácil. De hecho, es casi demasiado fácil. Es muy obvio, ¿por qué entonces los cristianos no los han usado? ¿Qué razón hay en todo el mundo para que los protestantes hayamos despedazado el cuerpo de Cristo tan innecesariamente? Puedo asegurarte que no es porque nadie haya visto el curso de acción histórico. No, ¡es porque aquellos que investigaron el registro histórico no encontraron lo que querían encontrar!



11. La gran sorpresa

  Mi Padre estaba en la fuerza aérea, y crecí en las bases militares. Como resultado, casi nunca pudimos tener un huerto. Así que desde niño nunca había comido tomates maduros de un huerto. Más bien, todos los tomates que comía de niño provenían de un supermercado. Eran tomates verdes recién cosechados, guardados en una caja hasta madurar, medio rosados, pálidos y duros. También eran un poco crocantes como un pepino. ¡Y así me gustaban! Por lo que yo sabía, eso era lo que un verdadero tomate debía ser. 
   Un día, después de salir de la casa, unos amigos me invitaron a su casa para almorzar. Ellos vivían en el campo, y la mayor parte de sus alimentos provenían del huerto. Sentados en medio de la mesa, había un plato de tomates frescos en tajadas que habían madurado en el huerto.  Los miré con desconfianza. Eran de color rojo oscuro como sangre.  No eran del color de tomates normales. Tuve la impresión de que estaban podridos.
     Yo era un joven delgado de dieciocho años, y teniendo hambre no quería ofender a mis amigos (y perder otra oportunidad de ser invitado a un almuerzo), así que con cortesía recibí unas tajadas de tomate cuando me las ofrecieron. Sintiendo que todos me estaban mirando, probé una tajada de los tomates extraños sin demorar. Pude notar que el tomate se deshacía en mi boca. No era para nada crocante como yo creía que debía ser un tomate. Ni siquiera tenía el sabor correcto. 
   “Definitivamente están podridos,” pensaba. “Que bueno que no tuve que vivir en el campo y ser forzado a comer tomates podridos como estos pobres campesinos.”
  Poco a poco, después de varios años, llegué a darme cuenta que estos tomates “podridos” eran en verdad tomates verdaderos. Lo que yo me había acostumbrado desde niño estaba lejos de ser la verdad. Más bien comenzaron a gustarme los tomates maduros del huerto tanto que ahora me disgustan los tomates del supermercado. Mi esposa y yo no sembramos muchas cosas, pero siempre tratamos de tener unas pequeñas parcelas donde podamos sembrar tomates para comerlos maduros.
   Cuando se trata del cristianismo, todos nosotros hemos crecido con el tipo que se “compra en el supermercado.” Es el único que hemos conocido y nos hemos acostumbrado. Para nosotros, el cristianismo verdadero tiene el sabor y la apariencia al que nosotros nos hemos acostumbrado. Y cuando por primera vez nos encontramos frente a frente con el cristianismo genuino, primitivo, “del huerto,” no nos parece correcto. No tiene el sabor que deseamos. Y a no ser que seamos motivados por una profunda hambre espiritual, rápidamente lo rechazamos y volvemos a la gran variedad de cristianismo que se vende en los supermercados del mundo.

Prepárate para una sacudida inesperada
   Creo que la sacudida más grande para los evangélicos y protestantes es que cuando leemos los escritos de la iglesia primitiva, descubrimos que la Reforma no fue un retorno al cristianismo primitivo. Muchas de las doctrinas principales de los reformadores no cuentan con ningún apoyo en el registro histórico del cristianismo primitivo. 
De hecho,  probablemente todos los que leen hoy los escritos de los primeros cristianos, encuentran que sus doctrinas no tienen apoyo en el cristianismo histórico, independientemente a cual denominación pertenezcan. Al mismo tiempo, todos encuentran que algunas de sus creencias son precisamente lo que la iglesia enseñaba en los primeros siglos. De hecho, algunos pocos grupos hallan que la mayoría de sus creencias son las mismas. Pero no es así para la mayoría de nosotros. Yo encontré que sólo la mitad de mis doctrinas concordaban con las de la iglesia primitiva.
    Pero ésta no es la única sacudida que recibimos. La mayoría de nosotros también descubre que los primeros cristianos no son para nada como habíamos imaginado. Es así porque hemos occidentalizado, modernizado, “protestantizado,” y acomodado a los apóstoles que llegamos a sacarlos fuera de su contexto histórico. Cuando volvemos al escenario de su vida real, encontramos un cristianismo notablemente diferente que el nuestro.
    Déjame aclarar. En primer lugar, verás que los cristianos del segundo siglo no tenían el conocimiento de la ciencia y medicina del siglo veintiuno. También descubrirás que la iglesia primitiva usaba la Septuaginta como su Antiguo Testamento en lugar del texto masorético.  Y muchas veces también citaron de obras espirituales que la mayoría de nosotros nunca hemos leídos, como el libro de Enoc y la Sabiduría de Salomón. Descubrirás que ellos vieron en la ley mosaica varias verdades espirituales en las cuales nunca habríamos pensado. Y no sólo descubrirás que muchas de sus creencias y prácticas son diferentes que las nuestras, sino que también sus patrones de razonamiento son bastante distintos. De hecho, a veces su lógica no tiene sentido para nosotros.
Pero quizá lo que nos ofende principalmente acerca del cristianismo primitivo es que era un tipo de cristianismo que crucificó la carne, en lugar de consentirla. Fue un cristianismo ya quitado del evangelio de hoy de la “creencia fácil.”

¿Cuál debería ser nuestra respuesta?
  Por tanto, ¿cuál debería ser nuestra respuesta frente a todas estas cosas “extrañas”? Puedo decirte cuál era mi respuesta inicial: dejé de leer los escritos de los primeros cristianos. Después de leer por un par de noches Los padres ante-nicenos , me decía a mí mismo: “Basta ya. Estos tipos están equivocados y no necesito escucharlos más.” Devolví los volúmenes de sus escritos a mi biblioteca y traté de echarlos de mi mente.
  Creo que era el impulso del Espíritu Santo que me indujo a volver a ellos. Así que, unos meses después, les di otra oportunidad. Esta vez empecé a leer a otro escritor. Pero los resultados fueron los mismos. “Esto no puede ser correcto,” me decía una y otra vez. “La iglesia primitiva no pudo haber sido así.” Decepcionado, eché los libros sobre el estante y decidí otra vez abandonarlos.
   Pero, llegué a darme cuenta que yo no podía cambiar la verdad sobre el cristianismo histórico, sin tomar en cuenta las evidencias. Incluso si no hubiese llegado a descubrir lo que creían los primeros cristianos, sus creencias aún permanecerían allí. No podía cambiarlas, cerrando mis ojos a ellas. Me di cuenta que por el bien de mí y de mi familia tenía que investigar lo que realmente era el cristianismo primitivo.
    Así que, en la tercera oportunidad tomé estos escritos históricos con una actitud diferente. Las primeras dos veces estuve en desacuerdo con ellos y, mientras leía, decía cosas como éstas: “¡No puedes decir así!” o “¿Nunca han leído lo que Pablo decía?” y cosas por el estilo.
  Esta vez me di cuenta que si iba a investigar de qué manera la segunda generación de cristianos entendió a los apóstoles, tendría que poner a un lado temporalmente todas mis creencias y sólo debería escucharlos. Yo sabía que no estaba obligado a adoptar sus doctrinas. Pero yo debía saber con honestidad cuáles eran aquellas doctrinas. “Al fin de todo,” pensaba yo,  “estaré libre para volver a todas mis creencias presentes.” 
  Así que empecé a leer con una actitud diferente. Esta vez, sólo escuchaba lo que ellos tenían que decir en lugar de discutir con ellos. Gradualmente me acostumbré a su modo de pensar. Finalmente, después de leer todos sus escritos todas las noches durante seis meses, estaba abrumado con una sed de volver a leer el Nuevo Testamento. Y leí todo el Nuevo Testamento en unas pocas noches, tomando de sus aguas espirituales.
  Antes ya había leído el Nuevo Testamento docenas de veces de principio a fin. Pero cuando lo leí esta vez era algo maravillosamente diferente. Tenía la impresión de que nunca antes había leído muchas de sus palabras. Mis ojos estaban abiertos a todos los versículos que antes no podían entenderlos. Sobre todo, noté una increíble similitud entre las enseñanzas y los razonamientos de los escritores del Nuevo Testamento y los cristianos del segundo siglo.
Repentinamente me di cuenta cómo mis ojos y mis oídos habían permanecido cerrados a muchas cosas de la Biblia por toda mi vida. Entonces percibí en qué grado hemos occidentalizado, modernizado y acomodado al Nuevo Testamento. Muchas cosas extrañas que encontré en los escritos de los primeros cristianos habían estado en todo el Nuevo Testamento. Sencillamente nunca las había notado. Permíteme ilustrarte.


12. La Septuaginta olvidada

     La Septuaginta fue la primera traducción griega del Antiguo Testamento. Se comenzó a traducirla más de doscientos años antes del nacimiento de Cristo. Muchas veces se lee diferente del texto masorético, el texto hebreo del Antiguo Testamento que llegó a ser estandarizado por los judíos después del año 70 d.C. Ya que la mayoría de los antiguos testamentos usados hoy en los países occidentales han sido traducidos del texto masorético, muchas de las citas del Antiguo Testamento referidas por los primeros cristianos no encajan con nuestras biblias.
  Como antes mencioné, a primera vista me pareció extraño que los primeros cristianos preferían la Septuaginta, a una traducción, que el texto hebreo de su tiempo. Pero, ¿cómo pude ser tan ciego frente al hecho de que también la mayoría de los escritores del Nuevo Testamento preferían la Septuaginta que el texto masorético hebreo de su tiempo? Cuando los apóstoles citaron del Antiguo Testamento, citaron principalmente de la Septuaginta. Por esta razón, sus citas frecuentemente no concuerdan con los pasajes del Antiguo Testamento de nuestras biblias.
Por ejemplo, nota este pasaje en Salmos, citado en el libro de Hebreos: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste;   mas me preparaste cuerpo” (Hebreos 10:5,6). Pero el texto masorético de Salmos 40:6 dice: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado.”
 Nuestras biblias no dicen nada en Salmos acerca de “mas me preparaste cuerpo.” ¿No es esto parte de la Escritura? Si no lo es, ¿por qué el escritor de Hebreos lo citó como parte de la Escritura?
 Este no es el único ejemplo. Tales discrepancias entre la Septuaginta y el texto masorético son muy numerosas. De hecho, una de las enseñanzas principales del cristianismo depende de tales desacuerdos. Todos nosotros hemos leído en Mateo la cita de Isaías 7:14: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: ‘He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros’” (Mateo 1:22,23). Lo que me di cuenta hace poco es que el texto masorético no dice, “una virgen concebirá.” Dice, “He aquí que la joven concebirá.” Es lógico entonces que los apóstoles y sus discípulos prefirieron la Septuaginta antes que el texto masorético.
   A no ser que tengas otra versión, cuando buscas Isaías 7:14 en tu Antiguo Testamento se lee “virgen” en vez de “joven.” Esto es porque los traductores han ignorado su texto masorético para conformarla a la doctrina cristiana del nacimiento virginal. Pero, ¿cuán honesto es esto? ¿Podemos ignorar la Septuaginta y catalogarla como “una traducción llena de errores;” pero entonces, cuando uno de aquellos “errores” apoya una doctrina principal del cristianismo, nos agrada y pedimos prestado de ella? ¿Estamos realmente buscando la verdad cuando hacemos algo así?

¿Está la Septuaginta llena de errores?
Durante la edad media y por muchos siglos después, los cristianos del occidente erróneamente pensaron que la Septuaginta era simplemente una traducción descuidada del texto hebreo. Muchos cristianos hoy siguen pensando así. Sin embargo, durante los 1800s, los eruditos comenzaron a afirmar que quizá la razón de las discrepancias entre la Septuaginta y el texto masorético yacía en que los traductores de la Septuaginta llevaron a cabo su traducción a partir de un texto hebreo más primitivo que derivó de un texto masorético diferente. 
En 1947, cuando los eruditos se encontraban aún especulando acerca de estas cosas, un pastor árabe descubrió accidentalmente unos rollos antiguos de origen judío cerca de la comunidad Qumran en Palestina. Aquellos rollos, juntamente con otros numerosos rollos hallados más tarde en la misma región, han llegado a ser conocidos como “Los rollos del Mar Muerto” o la “Librería de Qumran.” Los textos del Antiguo Testamento encontrados entre estos rollos databan de cientos de años antes de cualquier otro manuscrito ya conocido del Antiguo Testamento. Los primeros rollos examinados fueron dos manuscritos del libro de Isaías. Los primeros informes publicados anunciaron que aquellos manuscritos eran prácticamente idénticos al texto masorético de hoy. Los cristianos evangélicos rápidamente se lanzaron a difundir dichos informes iniciales. Yo recuerdo haber leído tales informes y cómo los compartí con otros.
Sin embargo, más tarde, un estudio más serio de los rollos de Isaías, juntamente con los descubrimientos de los manuscritos de otros libros del Antiguo Testamento, revelaron que los informes iniciales no eran veraces. En lugar de vindicar el texto masorético como el texto hebreo original, los miles de ejemplares de textos del Qumran revelan que hubo diversos textos del Antiguo Testamento usados durante siglos antes de Cristo. El texto masorético representa sólo uno de aquellos textos. Desafortunadamente, los evangélicos no han sido tan rápidos para retractarse de aquellos primeros informes erróneos.
Antes bien, aquellos manuscritos confirmaron que hubo manuscritos hebreos más antiguos que textualmente concuerdan más con la Septuaginta. Por consiguiente, la Septuaginta no era una traducción espuria del texto masorético. Más bien, parece ser una traducción fiel de otro tipo de texto, un texto que probablemente sería más antiguo que el prototipo del texto masorético. Otra vez, permíteme enfatizar que las diferencias entre estos textos no afectan verdades espirituales. Ellos principalmente afectan el vocablo de numerosos pasajes del Antiguo Testamento.

El valor de la Septuaginta
    Hoy día los eruditos están reconociendo cada vez más el valor de la Septuaginta y su relación con el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el profesor George Howard indica:
   Si los escritores del NT [Nuevo Testamento] fueron influenciados por el griego secular, fueron influenciados más por la Septuaginta. Sin la Septuaginta, el NT habría sido complicado para el lector contemporáneo, según B. Atkinson…
   De todos modos, en las últimas décadas, ha crecido un aprecio por la influencia de los vocablos de la Septuaginta en el pensamiento del NT y esperamos más contribuciones en las investigaciones septuagintales. Consecuentemente, el debate sobre qué fuente es más importante para la lexicografía del NT, griego o hebreo, probablemente serán resueltos en términos de la Septuaginta. 
 El Dr. Sven Soderlund de la Universidad de Regentes, escribe:
    La Septuaginta era la Biblia para la mayoría de los escritores del Nuevo Testamento. No sólo tomaron todas sus citas de la Septuaginta, sino que sus escritos- en particular los evangelios, especialmente Lucas- contienen numerosas referencias de su lenguaje. Los términos teológicos del Nuevo Testamento, tales como “ley,” “justicia,” “misericordia,” “verdad,” “propiciación,” fueron tomados directamente de la Septuaginta y deberían ser entendidos a la luz de su uso en dicha versión. 
Otros eruditos del Antiguo Testamento expresan declaraciones similares. 
 Aunque la vindicación de la Septuaginta sorprende a los cristianos occidentales, no es ninguna sorpresa para las iglesias orientales. Esto se debe a que ellas siempre han utilizado la Septuaginta como su Antiguo Testamento desde los tiempos de los apóstoles hasta el día de hoy. Las iglesias ortodoxas orientales no necesitaban esperar los hallazgos arqueológicos para apoyar la Septuaginta. La única evidencia que necesitaban era saber si la Septuaginta era la Biblia de la iglesia del Nuevo Testamento.
 Sin embargo, el uso de la Septuaginta no es la única bomba que nos hiere cuando leemos los escritos de los primeros cristianos.


13. Otras bombas

La primera vez que encontré una cita de los libros apócrifos en los escritos de la iglesia primitiva, casi caí de mi silla. “¡No puede ser!,” pensé dentro de mí. “Los libros apócrifos fueron añadidos por la Iglesia Católica Romana, ¿cómo es posible que un cristiano del segundo siglo los esté citando?”
Bueno, tiempo atrás encontré numerosas citas de lo que los protestantes llamamos “la Apócrifa.” En verdad, los libros apócrifos no debieron haberme sorprendido; pues aquellos escritos formaban parte de la Septuaginta que se utilizaba en la época del Nuevo Testamento. Los escritos de los primeros cristianos demuestran que ellos eran casi universalmente aceptados por la iglesia primitiva como parte de la Escritura. No fue hasta el siglo cuarto que Jerónimo confirió a tales obras el epíteto de “Apócrifa.”
Me sorprendió bastante que los escritos de la Apócrifa estuviesen incluidos en la primera versión del King James. Sin embargo, la precedía un comentario, el cual señalaba que no eran considerados una autoridad doctrinal. No fue hasta 1827 que desaparecieron de los ejemplares de la versión King James. 
El libro de la Apócrifa del cual citaron más a menudo los primeros cristianos fue el libro de Sabiduría, también conocido como la Sabiduría de Salomón. Ellos lo entendieron como un libro que principalmente hablaba de Cristo: la Palabra eterna o el Logos del Padre. Al hacer esto, seguían el ejemplo de los apóstoles.
Aunque no hay citas literales del libro de Sabiduría en el Nuevo Testamento, parece haber muchas citas parafraseadas o referentes a él. Por ejemplo, los atributos de la persona llamada Sabiduría en el libro de Sabiduría, se asemeja a las menciones del Hijo de Dios en el Nuevo Testamento. En efecto, Pablo específicamente se refirió de Cristo como “el poder de Dios y la sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24 la cursiva es mía). Además, el libro de Sabiduría describe la Sabiduría Divina como el “reflejo de la luz eterna, espejo sin mancha de la actividad de Dios e imagen de su bondad” (sabiduría 7:26). En palabras similares, Hebreos describe a Cristo como “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3).  
Lo que es más, la teología general del libro de Sabiduría es asombrosamente parecida a la del Nuevo Testamento. Hay cerca de treinta pasajes en el Nuevo Testamento que son muy similares a los versículos en la Sabiduría de Salomón. Un ejemplo es Romanos 9:21: “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” Aunque nuestras biblias citan a Jeremías 18:3 como una fuente de las palabras de Pablo, yo creo con más seguridad que Pablo estaba parafraseando Sabiduría 15:7: “El alfarero, por ejemplo, amasa laboriosamente el barro blando y moldea cada vasija que necesitamos; pero del mismo barro hace por igual las que sirven para usos nobles y las que sirven para otros usos; es él, sin embargo, quien decide cuál ha de servir para este o aquel uso.”
¿Hemos de creer que muchos de los pasajes paralelos entre Sabiduría y el Nuevo Testamento son sólo coincidencias? ¿Es la similitud entre la teología de Sabiduría y la cristiana sólo un accidente? Si el libro de Sabiduría es la obra de un simple autor humano, ¿cómo obtuvo ese autor tal entendimiento espiritual?
¿Qué estoy tratando de decir? Principalmente estoy diciendo que, si nosotros deseamos entender la Escritura como la entendieron los cristianos del Nuevo Testamento, necesitamos relacionarnos con las mismas obras espirituales que ellos leían. Sin pretender encontrar nuevas doctrinas y mandamientos en aquellas obras, los libros de la Apócrifa son una fuente importante para el Nuevo Testamento. 

¿Es la Apócrifa parte de la Escritura?
Estoy diciendo que los protestantes tenemos que examinar la Apócrifa otra vez. Líderes evangélicos prominentes tales como Josh McDowell aún se refieren a la Apócrifa como “los libros añadidos al Antiguo Testamento por la Iglesia Católica.”  Pero eso no es verdad de ninguna manera. Éstos no son libros que la Iglesia Católica añadió a las Escrituras; fueron libros que los líderes religiosos judíos quitaron de las Escrituras. Los debates acerca de la Apócrifa en el segundo siglo eran entre los cristianos, que aceptaban tales escritos como parte de la Escritura, y los incrédulos judíos, que no los aceptaban.  
Aunque de ningún modo sería dogmático, creo que es muy posible que el apóstol Pablo estaba aprobando estos escritos como inspirados por Dios cuando dijo a Timoteo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16). ¿A qué Escritura se refería Pablo aquí? A los mismos escritos sagrados que Timoteo había conocido desde su niñez (Tim 3:15). Y ¿cuáles fueron estos escritos? Veamos.
 Timoteo era nativo de Listra, un pueblo en la provincia romana de Galacia (Hechos 16:1). Su padre era griego y su madre una judía helenística (Hechos 16:1; 2 Tim 1:5). Sin duda, los escritos sagrados que Timoteo había leído desde su niñez era la Septuaginta. Ésta era la Biblia de los judíos de habla griega. Además, Pablo había acabado de citar Números 16:5 de la Septuaginta a Timoteo: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim 2:19) (El texto masorético de Números 16:5 dice: “mostrará Jehová quién es suyo”). Así que cuando Pablo habló de toda la Escritura, Timoteo lo habría entendido naturalmente que estaba refiriéndose a la Septuaginta.
La Septuaginta del primer siglo contenía los libros que los protestantes llaman Apócrifa. Tales libros no se hallaban juntos en una sección aparte dentro de la Septuaginta. Al contrario, se hallaban esparcidos por todo el Antiguo Testamento, de acuerdo al orden histórico, profético y poético.
 Así que, cuando Pablo dijo que “toda la Escritura” es inspirada, ¿no entendió fácilmente Timoteo que él estaba hablando de todos los libros contenidos en la Septuaginta? Ésta es la posición apoyada por el curso de acción de la iglesia primitiva, pues casi universalmente aceptaron la Apócrifa como inspirada.
Cerrando el canon de los judíos
Los escritos de la Apócrifa no fueron suprimidos oficialmente del canon judío hasta fines del primer siglo. No cabe duda en mi mente que los líderes religiosos judíos rechazaron estos libros principalmente porque los cristianos los estaban utilizando para convencer a los judíos. Por ejemplo, las descripciones del Hijo de Dios en el libro de Sabiduría son demasiado claras para ignorarlas.
Además, podrían estos líderes religiosos negar que el libro de Sabiduría profetizara acerca de Jesús y de su enfrentamiento con sus antepasados, los escribas y los fariseos, cuando dice: 
Dice que conoce a Dios, y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un reproche a nuestra manera de pensar;  su sola presencia nos molesta. Su vida es distinta a la de los demás, y su proceder es diferente. Nos rechaza como a moneda falsa, y se aparta de nuestra compañía como si fuéramos impuros. Dice que los buenos, al morir, son dichosos, y se siente orgulloso de tener a Dios por padre. Veamos si es cierto lo que dice y comprobemos en qué va a parar su vida. Si el bueno es realmente hijo de Dios, Dios lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a insultos y torturas, para conocer su paciencia y comprobar su resistencia. Condenémos-lo a una muerte deshonrosa, pues, según dice, tendrá quien lo defienda. (Sab. 2:13-20)
¡Ésta es una increíble profecía! ¡Con razón los escribas no querían que los judíos leyeran este libro! Y puesto que este libro formaba parte de la Septuaginta, ¿nos parece extraño que los líderes judíos rechazaran toda la Septuaginta también?
¿Quiénes fueron estos líderes judíos que efectivamente suprimieron el libro de Sabiduría y los otros libros de la Apócrifa del canon del Antiguo Testamento? Nadie, sino los hijos espirituales de los escribas y fariseos, a los cuales Jesús llamó “guías ciegos,” “necios,” “hipócritas,” “sepulcros blanqueados” e “hijos de los que mataron a los profetas” (Mateo 23: 13-31). Éstos fueron los mismos hombres que encarcelaron y mataron a los primeros cristianos.
¿Te das cuenta de lo que hemos estado haciendo los protestantes? En la selección del canon y texto para nuestro Antiguo Testamento, hemos sido cómplices de los escribas y fariseos incrédulos, “la raza de víboras,” contra nuestros fieles hermanos y hermanas de los dos primeros siglos. ¡Qué amarga ironía! ¡Tal vez somos nosotros los guías ciegos!

El libro de Enoc y La asunción de Moisés
Quizá ya no deseas ser herido con más bombas. Yo tampoco, pero ya que he compartido todo esto contigo, te diré lo demás. Los primeros cristianos también citaron de las obras espirituales judías que ni siquiera formaban parte de la Septuaginta. Muchas veces mencionaban el libro de Enoc y a veces citaban de él. Muchos de los primeros cristianos veían el libro de Enoc como parte de la Escritura, aunque no era aceptado así por todos.
Hoy en día, los protestantes nos referimos a ellos generalmente como la “seudopigrafía del Antiguo Testamento.” Sin embargo, lo que llamamos “seudopigrafía del Antiguo Testamento” es en realidad un conjunto desordenado de escritos espirituales judíos y seudojudíos. Es incorrecto pensar de dichos escritos como si se tratara de un conjunto de obras relacionadas entre sí; pues no todos son del mismo nivel espiritual. Algunas de aquellas obras tales como Enoc, contienen una revelación genuina de parte de Dios. Otras, tales como el Martirio de Isaías, contienen información histórica precisa. Y aún otras, como el Apocalipsis de Adán, son evidentemente ficticias. Lo único común en aquellas obras es que ninguna de ellas formaba parte de la Septuaginta.
Cierto día, mientras tomaba té con un amigo cristiano, platicábamos sobre el uso de la Apócrifa y la Seudopigrafía entre los primeros cristianos. Él me contradijo diciendo: “Bueno, los escritores del Nuevo Testamento nunca citaron de la Apócrifa ni de la Seudopigrafía; así que ellos tampoco deben hacerlo.”
“¿Aceptas el libro de Ester?,” le pregunté.
“¡Por supuesto!,” respondió. “Es parte de la Biblia.”
“Pero los escritores del Nuevo Testamento tampoco citaron de él. Además, era un libro en discusión en los tiempos de Jesús.”
Él no tenía respuesta.
“Bueno, ¿aceptarías la Apócrifa y la Seudopigrafía si los escritores del Nuevo Testamento citaran de ellos?,” le pregunté.
“¡Claro que sí!,” respondió.
Entonces miramos el libro de Judas en nuestras biblias y leímos juntos los versículos 14 y 15: “De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: Vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.” 
“Tales versículos,” le expliqué, “son citas directas del libro de Enoc. Ahora, ¿estarías dispuesto a aceptar el libro de Enoc como parte de la Biblia?”
Se quedó callado.
Enoc no es la única obra referida en Judas. En el versículo 9, Judas escribió: “Pero cuando el arcángel Miguel luchaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: ‘El Señor te reprenda’.” ¿Recuerdas haber leído en el Antiguo Testamento acerca de una discusión entre Miguel y Satanás por el cuerpo de Moisés? Por supuesto que no. Pues no se registra tal discusión en nuestro Antiguo Testamento. Más bien, este hecho se relata en la obra titulada “La asunción de Moisés.”
Las citas mencionadas de ambas obras, representan un desafío al canon protestante acomodado. El término “seudopigrafía” significa escritos falsamente atribuidos a alguien que no es el autor original. Pero Judas afirma específicamente que la profecía que citaba era de “Enoc, séptimo desde Adán.” Por consiguiente, o los escritores del Nuevo Testamento se equivocaron o no deberíamos catalogar el libro de Enoc como parte de la Seudopigrafía.
¿Y qué del relato concerniente a la disputa entre Miguel y Satanás? ¿Podría un ser humano poseer tal conocimiento? Por tanto, La asunción de Moisés debe contener algún tipo de revelación de parte de Dios que no está en nuestro Antiguo Testamento.
Y no sólo es el libro de Judas que contiene referencias a otros escritos espirituales. En su segunda carta a Timoteo, Pablo escribió: “Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad” (2 Tim. 3:8). ¿Recuerdas haber leído en el Antiguo Testamento acerca de dos hombres llamados Janes y Jambres que se opusieron a Moisés? No existe tal referencia. En cambio, sus nombres aparecen en el libro de Janes y Jambres. Finalmente, el escritor de Hebreos se refería a un libro titulado Martirio de Isaías cuando hizo mención de los hombres de la fe que habían sido “aserrados por la mitad” (Hebreos 11:37).

“Acomodando” el Nuevo Testamento
Estos escritos espirituales de los cuales citaron o hicieron referencia los escritores del Nuevo Testamento, circulaban ampliamente en el primer siglo. Puesto que los escritores del Nuevo Testamento hacían referencias a dichas obras, ¿es sorprendente que los cristianos de los siglos uno y dos hicieran lo mismo? ¿Por qué deberíamos sorprendernos al ver que los primeros cristianos leyeron y citaron de las mismas fuentes usadas por los escritores del Nuevo Testamento? Sin embargo, nos sorprende.
Es así porque hemos “acomodado” a los apóstoles, apartándolos del escenario de su vida real. Todas las cosas en el Nuevo Testamento que no concuerdan con nuestro paquete protestante, acomodado y ordenado, simplemente las atribuimos a la “inspiración,” y podemos ignorarlas. Afirmamos que fue correcto para los apóstoles hacer referencias a estas obras sólo porque los apóstoles eran inspirados; lo cual es solamente una excusa espiritual.
Debido a nuestros prejuicios protestantes, hemos cerrado nuestros ojos a algunos de los escritos espirituales e históricos importantes de origen judío, como los ya mencionados “El martirio de Isaías” y el libro de “Janes y Jambres.” Éstos no son parte de la Escritura, pero proveen información antigua acerca de ella. Parece que los protestantes piensan que  solamente porque un escrito antiguo judío no es parte de la Escritura, entonces es o ficticio o herético. Si ellos son ficticios o heréticos, ¿por qué los apóstoles y los discípulos hicieron referencia y citaron de ellos?
Estoy seguro que recibiré una gran cantidad de críticas y denuncias por sacar a la luz estas cosas. Pero; ¿qué preferirías que yo hiciera? ¿Esconderlas debajo de la alfombra? ¿Imaginar que nunca las he visto? Las he mencionado por dos razones: Primero, para prepararte para lo que encontrarás cuando leas los escritos de la iglesia primitiva. Y segundo, para enfatizar que si vas a entender la Escritura como lo hicieron los escritores del Nuevo Testamento, debes conocer las mismas obras espirituales que ellos leían.
Aceptemos o no los libros apócrifos o Enoc como canónicos es de menor importancia en el asunto tratado. La opinión que sostengamos acerca de ellos, no afectará nuestro estilo de vida cristiano. No hay doctrinas, ordenanzas o mandamientos que cambien por considerar tales obras como parte de la Escritura. Pero al menos seamos honestos en cuanto a ellas y reconozcamos que los apóstoles y los primeros cristianos las usaron. Dejemos de cerrar nuestros ojos a la historia de la iglesia primitiva.
Desafortunadamente, éstas no son las únicas cosas a las que hemos cerrado nuestros ojos.



14. Lo que no preferiríamos ver


Recientemente estuve en una librería cristiana, cuando noté uno o dos libros concernientes a la difusión peligrosa de las “religiones orientales.” “¡Cuán increíblemente ciegos somos los cristianos del Occidente!,” pensé dentro de mí. “El cristianismo es una religión oriental.”  Nunca seremos capaces de entender la mentalidad de los apóstoles y de los cristianos del Nuevo Testamento hasta que reconozcamos este hecho.
Rudyard Kipling escribió las palabras bastante conocidas: “El Occidente es el Occidente, y el Oriente es el Oriente; y ambos nunca se conocieron.”  Sin duda, el pensamiento oriental es muy diferente al racionalismo occidental. La mente oriental es mucho más rápida que la occidental para entender verdades alegóricas prefiguradas por eventos históricos reales. La mente oriental a menudo cree en verdades espirituales que la mente occidental y racionalista no las comprende y las rechaza.
Otra diferencia es la tendencia occidental hacia el legalismo. La ciencia de los romanos (los cuales eran occidentales) era la ley. Su sistema legal era muy superior a cualquier otro sistema legal gentil anterior a ellos. La ley moderna usada en el hemisferio occidental está aún basada en gran medida en la ley romana. De esta manera, los teólogos occidentales han entendido las verdades del cristianismo en términos de teorías legales. La teología de Agustín sobre la salvación y la de Anselmo sobre la expiación, son ejemplos perfectos de la teología occidental, la cual reduce los planes de Dios a principios legales.
Pero si queremos entender con exactitud la Escritura, tenemos que aprender a pensar como orientales. Y no es una tarea fácil para nosotros. A menudo el pensamiento oriental de los primeros cristianos es repugnado por el lector occidental. Éste se dice así mismo enojado: “¡Esta gente no piensa como yo! Su lógica no tiene sentido para mí.” En consecuencia, rápidamente descarta a ellos y a sus escritos como extraños.
Sin embargo, los escritores del Nuevo Testamento siguieron la misma “lógica extraña” de los cristianos del segundo siglo. Si no hubiésemos occidentalizado y acomodado el Nuevo Testamento, seríamos capaces de ver aquello. Pero en esta condición, nuestros ojos se encuentran bastante cerrados al estilo del pensamiento oriental, el cual está entretejido en todas las páginas del Nuevo Testamento. Pero ya que los cristianos primitivos no han sido occidentalizados ni acomodados, inmediatamente podemos notar el estilo oriental de su pensamiento cuando leemos sus escritos.

El pensamiento oriental en el Nuevo Testamento
“¿El pensamiento oriental en el Nuevo Testamento? ¿Dónde?,” podrías preguntarte. Bueno, una persona no tiene que leer mucho el Nuevo Testamento para encontrarlo. Por ejemplo, Mateo escribió: “Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo” (Mt. 2:15).
“¿Y qué es lo ilógico aquí?,” podrías estar pensando. Volvamos al pasaje que citó Mateo del Antiguo Testamento y verás. Su cita es del capítulo 11 de Oseas: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.  No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir.” (Os.11:1-5)
¿Era ésa una profecía acerca de Jesús? A cualquiera de nosotros nos parecería que el pasaje de Oseas está refiriéndose a la nación de Israel, no al Mesías. Aunque creo que Mateo no citaba mal esta Escritura; simplemente su razonamiento es diferente que el nuestro.
Y ése no es un ejemplo aislado. Unos versículos después Mateo describió la matanza de los infantes varones en Bethelem, y dijo: “Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: ‘Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron.’” (Mt. 2:17,18).
Otra vez, veamos lo que escribió Jeremías: “Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron. Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra.” (Jer. 31:15-17)
¿Está hablando de la matanza de los infantes en Bethelem después del nacimiento de Jesús? Parece que el contexto de esa profecía está hablando claramente de la cautividad de Israel y del retorno a su tierra. No obstante, creo que Mateo no está citando mal la profecía.
O qué de Mateo 2::22,23: “Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.” ¿Dicho por los profetas? ¿Dónde? Por lo menos he oído tres explicaciones diferentes de este pasaje. La verdad es que simplemente no entiendo.
La verdad es que Mateo no razona como nosotros los occidentales del siglo veintiuno. “Pero Mateo era inspirado,” podrías decir; “por lo tanto, estuvo bien que él usara el Antiguo Testamento de esa forma.” En otras palabras, acomodemos el Nuevo Testamento y simplemente consideremos todos los ejemplos del pensamiento helenístico oriental como inspirados.
No obstante, no sólo nos engañamos a nosotros mismos cuando hacemos algo así. Los argumentos de Mateo eran lógicos para sus lectores del primer siglo. De hecho, el propósito de sus escritos era convencer a los judíos que Jesús era el Mesías. Él tenía que usar argumentos que convencerían a los incrédulos, personas que no aceptaban sus escritos como inspirados.
Otro ejemplo del pensamiento oriental en el Nuevo Testamento es la discusión alegórica de Pablo sobre Sara y Agar en Gálatas 4:21-31. O la cita de Pablo de Isaías 28.11 escrita a los corintios, lo cual él aplica al hablar en lenguas: “En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor” (1 Cor. 14:21).  Para las mentes orientales, el contexto de Isaías 28:11, casi no parecería referirse al hablar en lenguas, sino más bien a la profecía que Efraín sería llevado cautivo por los asirios. Finalmente, todo el libro de Hebreos, en el cual se habla sobre tipos y figuras proféticas, es un ejemplo clásico del pensamiento oriental.
La simple verdad del asunto es que Mateo, Pablo y otros escritores del Nuevo Testamento, no siempre pensaron como nosotros. Tampoco los cristianos del primer y segundo siglos. El razonamiento helenístico oriental de los escritores de la iglesia primitiva nos parece extraño únicamente porque hemos estado leyendo la Biblia a través de los lentes occidentales.
Y recuerda, es una calle de doble vía. Si nos parece extraño el razonamiento de los primeros cristianos, nuestro razonamiento les parecería extraño a ellos también. Desafortunadamente, los escritos del Nuevo Testamento fueron dirigidos a ellos, no a nosotros. Ellos no tienen que acomodarse a nuestra mentalidad occidental del siglo veintiuno. Nosotros tenemos que acomodarnos a su mentalidad.

Verdades espirituales de la ley
Uno de los escritos de la iglesia primitiva que leí fue la Epístola de Bernabé. Aquí encontré una detallada explicación de las verdades espirituales halladas en la ley mosaica. Por ejemplo, Bernabé escribió que la prohibición de Dios a los judíos contra el comer carne de cerdo, contenía el siguiente mensaje espiritual para los cristianos: “No te juntarás, dice, con hombres tales que son semejantes a los cerdos; es decir, que cuando lo pasan prósperamente, se olvidan del Señor, y cuando se ven necesitados, reconocen al Señor, al modo que el cerdo, cuando come, no sabe de su señor; mas cuando tiene hambre, gruñe y, una vez que toma su comida, vuelve a callar.” 
Cuando por primera vez leí esto, me reí de semejante lección espiritual “absurda” que Bernabé dedujo de las leyes dietéticas de los judíos contra el comer  carne de cerdo. Pero dejé de reírme la próxima vez cuando leí las palabras de Pablo a los corintios referente al derecho de recibir apoyo material: “¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto” (1 Cor. 9:8-10).
Yo pensé en mi interior: “¿por qué nunca antes me di cuenta del significado de este pasaje? Pablo estaba sacando una verdad espiritual de la ley mosaica que yo nunca me habría dado cuenta. Y él dijo que pasajes como éste en la ley fueron escritos por nuestra causa. ¿Por qué entonces debería parecernos extraño que los discípulos de Pablo vean principios similares en la ley?” Seamos honestos. Si encontráramos tal explicación de la ley acerca de los bueyes en la Epístola de Bernabé y no en los escritos de Pablo, ¿nos reiríamos también?
Y por favor, no digas que fue correcto para Pablo hablar así sólo porque era inspirado. Pablo estaba presentando un argumento para persuadir a sus lectores. Él intentaba razonar con ellos. Una persona no razona con alguien, utilizando argumentos que no tengan sentido lógico para ambos. No, el argumento de Pablo sí tenía sentido lógico para sus lectores corintios. No dependía únicamente de la inspiración.

Gente real en un mundo real
Por favor, no me malentiendas. No estoy rechazando ni minimizando la inspiración de la Escritura. Lo que estoy afirmando es que los escritores del Nuevo Testamento fueron personas reales que escribieron a otras personas reales; todos ellos vivieron en un mundo histórico real. No era un mundo moderno, occidentalizado y acomodado. Era un mundo helenístico oriental y antiguo con sus propios patrones de pensamiento.
Hace poco, vi un autoadhesivo en un automóvil que decía: “Si Dios parece estar lejos, adivina quién se alejó: ¿Él o nosotros?” Una pregunta igualmente válida sería: “Si el cristianismo que existió alrededor del año 100 d.C. nos parece lejano y extraño, adivina ¿quién se alejó del cristianismo del primer siglo?”
Si no estuviésemos leyendo todo a través de nuestros filtros prejuiciosos, el Nuevo Testamento nos parecería extraño también. Para que esto no sucediera, hemos modernizado, occidentalizado y acomodado a los escritores apostólicos. Pues nos engañamos pensando que Juan podría entrar en las iglesias occidentalizadas del siglo veintiuno y sentirse como en casa. Al contrario, pensamos que él vería extrañas a las iglesias del segundo siglo. Ahora, ¿quién está engañando a quién?
En resumen, los escritos de los primeros cristianos hicieron más por mí que simplemente proveer evidencia histórica de cómo entendieron la Escritura las iglesias primitivas. Ellos también eliminaron la ceguera de mis ojos y los hicieron capaces de ver el Nuevo Testamento mismo. Ellos pueden hacer lo mismo por ti.

Cómo leer los escritos primitivos
Antes que aquellos escritos puedan abrir tus ojos, tienes que acercarte a ellos con una mente abierta. Así como yo al fin me vi obligado hacer. También tienes que poner temporalmente a un lado todo lo que crees. Sólo escucha lo que ellos tienen que decir. Nadie te obligará a creer todo lo que ellos dicen. Cuando hayas terminado, tú podrás volver a tomar todas tus creencias. Yo nunca lo hice. Pero quizá tú sí. De todos modos, por lo menos debes echar una mirada honesta a la evidencia histórica.
Pero, prepárate para un viaje de regreso en el tiempo. Su cultura es la misma que la del Nuevo Testamento. La única diferencia es que nadie ha “acomodado” sus escritos por ti. No esperes encontrarlos en una cultura occidental moderna. Puesto que sus escritos no son inspirados, ellos reflejan todas las nociones científicas de su época; excepto cuando aquellas nociones entran en conflicto con la Escritura. 
Cierto individuo escribió un informe descartando a los cristianos primitivos porque algunos de ellos hacían referencia al ave fénix. Se creía que dicha ave vivía en el desierto árabe. Según la leyenda, vivía por quinientos o seiscientos años, y luego se consumía así misma en el fuego. Pero se levantaría nuevamente de las cenizas para comenzar otra larga vida. Ésta no fue una fábula inventada por los cristianos. Al contrario, fue una leyenda ampliamente creída en el mundo antiguo. Puesto que pocas personas viajaban al desierto árabe, no era fácil refutar dicha leyenda.
Naturalmente, los primeros cristianos vieron en el ave fénix una representación de la resurrección de los muertos. ¿Por qué deberíamos esperar algo diferente? Otra vez, éstas fueron personas reales en un mundo real. Por el simple hecho de ser cristianos, no significaba que estarían dotados con el conocimiento de la zoología del siglo veintiuno. Ni siquiera los apóstoles lo estaban. La única diferencia es que el Espíritu Santo no introdujo errores científicos en el Nuevo Testamento.
Cuando leas los escritos de los primeros cristianos, recuerda también que no deberías formar conclusiones definidas acerca de lo que creyó la iglesia en general hasta que hayas leído todos sus escritos. No puedes tomar la perspectiva de un solo escritor como si fuera el único representante de las creencias de los primeros cristianos. Tienes que ver lo que todos ellos dijeron.
Pero nuevamente, no son diferentes que los escritos del Nuevo Testamento. Si una persona lee solamente uno de los libros del Nuevo Testamento y asume que tal fue el mensaje completo del cristianismo apostólico, obviamente estaría en error, ¿cierto? ¿Qué si una persona leyera únicamente el libro de Santiago? ¿Tendría un entendimiento completo de la enseñanza del Nuevo Testamento en cuanto a la salvación?
Si mi único interés fuera seducirte a leer estos escritos antiguos, habría omitido los últimos tres capítulos. No dudo que las cosas expresadas en ellos, probablemente te hayan molestado un poco. De hecho, podrías estar diciendo: “No necesito los escritos de los primeros cristianos. Todo lo que necesito es mi Biblia.” Pero la verdad es que tú está usando más que solamente tu Biblia. Permíteme explicar.


15. El verdadero conflicto

El conflicto no se centra en los escritos de los primeros cristianos versus la Biblia. Recuerda, el único propósito de ver los escritos de los cristianos primitivos es para entender mejor la Escritura. No hay conflicto entre ellos y la Escritura.
El problema central es entre cómo entendieron ellos la Escritura versus cómo la entendemos nosotros. Volvamos a nuestra ilustración del contrato de fabricación de sillas. ¿Deberíamos adivinar lo que quiere decir el contrato? ¿O deberíamos mirar el curso de acción de Ezra Mast y James Butler, los que originalmente escribieron el contrato?
Los primeros cristianos eran estudiantes de la Escritura. De hecho, se ha afirmado que si todas las copias del Nuevo Testamento hubiesen sido destruidas, podría ser reconstruido en gran medida simplemente por las citas de los primeros cristianos.  Sus enseñanzas son apoyadas fuertemente por la Escritura. Después de todo, ellos también creyeron en la inspiración e infalibilidad de la Escritura.
De hecho, prácticamente todas las cosas que ellos enseñaron aún pueden encontrarse hoy dispersas entre los varios grupos de cristianos conservadores. Sin embargo ningún grupo en particular sostiene por sí mismo todas sus enseñanzas. Básicamente no hay creencia cristiana primitiva que algún grupo protestante no haya enseñado basado en la idea de “sólo la Escritura.”
Por ejemplo, los anabaptistas mantuvieron la mayor parte de las creencias y prácticas de los primeros cristianos. Los anabaptistas surgieron de la Reforma en la Suiza del siglo XVI y enfatizaron vivir según los principios del Sermón del monte. Debido a su fidelidad al Señor y a su creencia en la separación de la iglesia y el Estado, fueron cruelmente perseguidos por las iglesias católicas, luteranas y reformadas. Sus descendientes aún se encuentran en la actualidad entre los menonitas, amish y huteritas.
Otro grupo bíblico cuyas enseñanzas y prácticas son similares a las de la iglesia primitiva son los Hermanos bautistas alemanes. Ellos surgieron en los primeros años del siglo XVIII de una pequeña congregación de cristianos en Alemania, los cuales tuvieron el propósito de retornar al cristianismo primitivo, y terminaron huyendo a América debido a la persecución por parte de las iglesias reformadas del Estado y las luteranas.
 Quizá no debería decir que cuando leas descubrirás que las creencias y prácticas de los primeros cristianos son radicalmente diferentes que las tuyas. Ni siquiera sé cuáles son tus creencias. Todo lo que sé es que la mitad de mis creencias concordaba con las de ellos. Pocas personas descubrirán que las creencias de la iglesia primitiva son casi idénticas a las suyas. Por ejemplo, pasé una tarde con un hombre que era un estudiante serio de la Biblia. Él nunca había leído los escritos de los primeros cristianos y mostraba muy poco interés en ellos. Sin embargo, en el transcurso de nuestra conversación, me di cuenta que él sostenía casi todas las mismas doctrinas que las de la iglesia primitiva.

Un doble estándar
Sectas modernas como la de los Testigos de Jehová generalmente enseñan que la iglesia llegó a ser apóstata inmediatamente después de la muerte de los apóstoles. “Por lo tanto,” ellos argumentan, “el registro histórico no tiene valor. Más bien, debemos interpretar las Escrituras por nosotros mismos, sin hacer referencias a lo que alguien haya creído en el pasado.”
Por el contrario, los cristianos ortodoxos sostienen que no debemos separarnos del cristianismo histórico. En nuestros libros sobre las sectas nos jactamos de estar defendiendo el “cristianismo histórico.” Por ejemplo, en su libro “¿Cuál es la diferencia?,” Fritz Ridenour, escribe: “La diferencia tratada en este libro está entre la fe cristiana histórica y las principales religiones y sectas del mundo.”  En el libro Manual de las religiones actuales, Josh McDowell y Don Stewart dan la siguiente definición de secta: “Una secta es una perversión, una distorsión del cristianismo bíblico y/o un rechazo de las enseñanzas históricas de la iglesia cristiana.” 
Sin embargo, a pesar de que públicamente lo anunciamos, muchas de nuestras doctrinas y prácticas no están de acuerdo con las enseñanzas históricas de la iglesia. Y, ¿cuál es nuestra respuesta cuando esto se saca a la luz? ¿Cambiamos con humildad nuestras creencias y prácticas para conformarlas al registro histórico? Temo que no. Más bien, rápidamente cambiamos el tono de nuestra voz y afirmamos que los primeros cristianos estaban equivocados. Así que después de mucho preámbulo sobre la importancia del “cristianismo histórico,” nuestra reacción y respuesta no es diferente a la de las sectas cuando nos enfrentamos al verdadero cristianismo. ¿No es ésa una respuesta un poco hipócrita?
Por fin, lo único de lo cual podemos jactarnos es que nuestras doctrinas son más antiguas que las de las sectas. Pero si nuestras doctrinas no tienen su origen en la iglesia primitiva, ¿qué de valor hay en ellas? Por otro lado, si por “cristianismo histórico” queremos decir las doctrinas que la iglesia desarrolló a través de los siglos, entonces todos deberíamos ser católicos romanos u ortodoxos orientales.
Prácticamente todos los cristianos reconocen el valor y el peso de los escritos de los primeros cristianos. Pues nosotros citamos intuitivamente de ellos cuando están de acuerdo con nosotros. Hablamos de su testimonio como evidencia incontrovertible de que la iglesia en el principio entendió una doctrina en particular del mismo modo como nosotros la entendemos. Sin embargo, cuando sus escritos no concuerdan con nuestras posiciones, inmediatamente descartamos todo lo que ellos dicen como algo sin valor. ¡Qué doble estándar!
Y Dios aborrece el doble estándar. “No tendrás en tu bolsa pesas diferentes, una grande y una pequeña. No tendrás en tu casa medidas diferentes, una grande y una pequeña. Tendrás peso completo y justo; tendrás medida completa y justa, para que se prolonguen tus días en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da. Porque todo el que hace estas cosas, todo el que comete injusticia, es abominación para el SEÑOR tu Dios” (Deuteronomio 25:13-15). Ese pasaje trata de usar pesas y medidas dobles para cosas materiales. ¿Será diferente ese principio para los asuntos espirituales? Si la deshonestidad en las cosas materiales es mala, ¿será diferente en las espirituales?
Una de las críticas principales que he recibido en los últimos años es que “tomo muy seriamente los escritos de los primeros cristianos.” Aunque sólo me estoy esforzando en ser honesto en lo espiritual. Yo creo firmemente que ninguno de nosotros debería usar un doble estándar. O aceptamos honestamente la evidencia histórica de los escritos de los primeros cristianos o deberíamos dejar de citar de ellos completamente. O ellos eran cristianos ortodoxos o eran herejes. Citarlos cuando apoyan las creencias de nuestra denominación, y luego llamarlos herejes cuando no las apoyan es hipocresía.
“¡Bien, no los necesito!,” podrías estar pensando. “Lo único que necesito es mi Biblia.” Pero tú ya estás confiando en los primeros cristianos, sin saberlo probablemente.









































































1 comentario:

  1. ¡Excelente trabajo!. Muchas bendiciones. Casualmente he estado estudiando los escritos de los cristianos del I y II siglo y concuerdo con lo que ud afirma.

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